Milton Caniff comienza a dibujar viñetas humorísticas a principios de la década de los 30. Crea la serie de aventuras Dickie Dare en 1933 y al año después su serie más popular, Terry and the Pirates. En esta serie desarrolla un estilo de dibujo impresionista (en conjunto con Noel Sickles, dibujante de Scorchy Smith, con el cual compartía un estudio), que le permite dibujar más rápido y que combina con efectos cinemáticos. La serie ocurre en lugares exóticos, con personajes bien definidos, y diálogos con mucho color y espontaneidad. Caniff participa también activamente en las campañas propaganda del gobierno norteamericano de la Segunda Guerra Mundial, tanto a través de Terry and the Pirates como su otra creación, Male Call. Después de la guerra Caniff abandona Terry (por no poder quedarse con los derechos al personaje) y crea Steve Canyon en 1947, serie que no llega a tener la popularidad que tuvo Terry durante la Segunda Guerra Mundial (lo que se acentúa aún más a fines de los 60's, cuando el público empieza a rechazar el mensaje pro-militarista de Caniff).
El guionista Lee Falk crea Mandrake en 1934 (dibujada por Phil Davis después de un puñado de tiras dibujadas por el propio Falk), y Phantom en 1936 con dibujos de Ray Moore. Son series de aventuras de conceptos sencillos pero que permiten crear una gran variedad de historias, que se siguen publicando hoy y gozan de una gran popularidad fuera de su país de origen.
Otros notables dibujantes dramáticos son Frank Robbins (crea Johnny Hazard en 1944 después de haber dibujado Scorchy Smith), Warren Tufts (creador de los westerns Casey Ruggles en 1949 y Lance en 1955), John Cullen Murphy (creador de Big Ben Bolt en 1950, y que luego tomaría Prince Valiant bajo la supervisión de Hal Foster), Dan Barry (quien realiza la tira diaria de Flash Gordon a partir de 1951), Stan Drake (dibujante de la serie romántica The Heart of Juliet Jones a partir de 1953), y Leonard Starr, creador de On Stage en 1957.
En todo caso, a pesar de que las décadas de los 30's y 40's son una verdadera edad dorada para los comics de aventuras, las series de humor siguen siendo sumamente populares, y a la larga son las que perdurarían durante los años de vienen. Hay series de aventuras que sobreviven hasta hoy, pero han sido en su mayoría desplazadas por las series de humor, que se han adaptado mejor al espacio reducido que tiene hoy día una tira diaria común. Algunas de las series humorísticas más importantes creadas después de la Segunda Guerra Mundial se describen a continuación.
Walt Kelly crea en 1948 la tira cómica Pogo, protagonizada por los habitantes antropomórficos del pantano Okefenokee. Los ingeniosos diálogos humorísticos y juegos de palabras de los personajes, combinados con las excelentes caracterizaciones gráficas que Kelly realiza para cada personaje (aprovechando su experiencia como animador para Walt Disney) hacen que la serie sea una de las más atractivas de su época. Kelly también incursiona en la crítica social y política, comenzando con una fuerte parodia al McCarthyismo. Cuando el contenido político se empieza a hacer más frecuente empiezan a llegar reclamos de algunos editores de periódicos. La solución de Kelly y su sindicato es que Kelly cree tiras diarias alternativas que sirvan como sustituto para los editores que no quieran publicar las tiras con contenido más fuerte. Esta incomodidad de algunos editores con temas más controversiales es un problema que sigue hasta el día de hoy, como lo demuestran las críticas o censura a series como Doonesbury o Boondocks (por su contenido político), o a B.C. (por sus mensajes religiosos).
En 1950, Charles Schulz crea la serie Peanuts (nombre impuesto por el sindicato y que Schulz siempre detestó), sobre un grupo de niños. El estilo de dibujo es sencillo y directo, mientras que el formato de la tira diaria es de cuatro viñetas que los editores pueden colocar en forma vertical, horizontal, o simplemente como un cuadrado en las páginas de sus periódicos (una flexibilidad que ayuda a vender la serie a los editores siempre apremiados por espacio). La serie trata en forma humorística temas de alienación e inseguridad a través de niños capaces de expresarse como adultos, y es un raro ejemplo de una serie que apela a un público intelectual sin sacrificar popularidad masiva. Schulz también explora un lado más fantástico a través de la imaginación de su personaje Snoopy, quien según la ocasión puede simular ser piloto, o un soldado de la Legion Extranjera, soldado, explorador, escritor, etc. Peanuts es además un enorme éxito comercial gracias a especiales de televisión, así como al uso de sus personajes en publicidad y merchandising en general. A pesar de esta masiva comercialización, es importante notar que la tira diaria en sí fue siempre obra de Schulz; durante los casi 50 años que duró la serie, nunca trabajó con ayudantes ni reemplazantes.
Otras importantes (y populares) series humorísticas son Beetle Bailey (1950) de Mort Walker, Dennis the Menace (1951) de Hank Ketcham, Hi and Lois (1954) de Mort Walker y Dik Browne, Miss Peach (1957) de Mell Lazarus, B.C. (1958) de Johnny Hart, Family Circus (1960) de Bil Keane, Hagar the Horrible (1973) de Dik Browne, Garfield (1978) de Jim Davis, y The Far Side (1979) de Gary Larson.
Mención aparte merece Garry Trudeau, creador de Doonesbury en 1970 (aunque una versión en diarios universitarios se venía publicando desde antes). En la serie, Trudeau aborda directamente el humor político, a través de un conjunto de personajes que viven y comentan situaciones como la guerra de Vietnam y el escándalo del Watergate. La serie sigue hasta hoy, comentando temas de actualidad, pero durante el transcurso de los años ha generado mucha controversia. Algunos periódicos han decidido que Doonesbury debe ir en la sección editorial del periódico, y no con el resto de las tiras cómicas; mientras que en otros periódicos se ha llegado incluso a no publicar la serie cuando los temas tratados son demasiado fuertes. La serie sigue vigente hoy, y ha abierto el paso a otras series con humor controversial, tales como Bloom County (1980) de Berke Breathed y Boondocks (1997) de Aaron McGruder.
Muchas de las series humorísticas que se publican hoy comenzaron en manos de un solo dibujante, pero con el paso del tiempo se han convertido el producto del trabajo de equipos de dibujantes y guionistas o generadores de ideas, sacrificando individualidad por productividad, generando un producto homógeneo, sin sorpresas ni mayores innovaciones, y fácil de comercializar. Muchas tiras son más importantes para sus dueños por su merchandising asociado que por la tira propiamente tal.
Salvo contadas excepciones, ya no se ve demasiada innovación en los comics que publican los periódicos. Los editores evitan los contenidos controversiales, y el espacio limitado que tiene cada tira ha contribuido a reducir dramáticamente los estándares artísticos de las nuevas series (pensar por ejemplo en las populares pero pobremente dibujadas Cathy de Cathy Guisewite de 1976, o Dilbert de Scott Adams de 1989). A continuación se desciben un par de raras excepciones recientes.
Bill Watterson en 1985 crea Calvin and Hobbes, sobre un niño rebelde y su tigre de juguete, ocupando un estilo de humor fuertemente influenciado por Peanuts (comparar los muñecos de nieve que crea Calvin con los que creaba Charlie Brown, o las fantasías de Snoopy con las las de Calvin). Los personajes de Watterson utilizan un humor irónico y a veces agresivo (similar al de Peanuts en sus inicios pero que después Schulz decidió suavizar), en una serie de una inusual calidad artística. A medida que la serie adquirió popularidad, Watterson empezó a controlar más aspectos de ésta, tales como impedir que sus páginas dominicales se reduzcan de tamaño o se cambien de formato (práctica común en los periódicos americanos), lo que le permitía crear páginas de gran calidad y versatilidad. Watterson además rechaza todo tipo de merchandising asociado a sus personajes, argumentando que esto comprometería la integridad artística de la serie. Finalmente en 1995, antes que la serie pueda empezar a decaer en popularidad, Watterson decide cancelarla, situación casi sin precedentes en las tiras cómicas americanas.
Patrick McDonnell crea la serie Mutts en 1994, en un principio sobre un par de mascotas (un perro y un gato) y sus dueños pero que con el tiempo llega a abarcar a todo un universo de animales. La serie ocupa un dibujo sencillo pero expresivo, y McDonnell frecuentemente hace guiños y referencias a comics antiguos (McDonnell es co-autor de uno de los libros más importantes sobre Krazy Kat y su creador George Herriman). El humor de la serie es gentil, y McDonnell ha aprovechado la popularidad de la serie como una plataforma para dar más publicidad a sus propios puntos de vista sobre los derechos de los animales.
Finalmente, a pesar del pobre estado de las tiras cómicas en los periódicos actuales, hoy en día se tiene acceso a algunos de las tiras cómica más importantes, gracias a editoriales especializadas que se han dedicado a reimprimir estas series. En las décadas de los 60 y 70 estuvo Nostalgia Press, reimprimiendo series como Flash Gordon o Krazy Kat, que fue seguida por otras como Hyperion Press y NBM (que reimprimió todas las tiras de Wash Tubbs por Roy Crane y todo Terry and the Pirates de Milton Caniff), hasta la más reciente Kitchen Sink (editora de Li'l Abner y Steve Canyon) y las actuales Fantagraphics (cuyos proyectos han incluido Prince Valiant, Thimble Theatre, Little Orphan Annie, y en la actualidad a series como Krazy Kat, Peanuts y Dennis the Menace) y Drawn & Quarterly (responsable del proyecto de reimprimir todo Gasoline Alley). Es cada vez más común que estos proyectos editoriales incluyan material adicional como comentarios y contexto histórico sobre la obra y sus creadores, enriqueciendo la experiencia del lector. Estos proyectos resultan ser de interés tanto para el público general, que puede desconocer la riqueza oculta en la historia de estas series, como para los creadores de comics contemporáneos interesados en el pasado del medio artístico en que trabajan.
Rodrigo Baeza