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Cómics y bibliotecas

Americanos y alternativos. Autores (II)

Todos los textos escritos por Borja Crespo han sido publicados con anterioridad en otros medios y reproducidos aquí con su autorización. Algunos de ellos han sido modificados y actualizados para su publicación en @bsysnet.com.

Entrevista a Eddie Campbell, dibujante de From hell

Eddie Campbell es el responsable de las ilustraciones de From Hell, una de las novelas gráficas más premiadas y elogiadas de la década de los 90. Un tebeo para adultos, para entendernos, que cuenta con guión de Alan Moore, uno de los escritores de historietas más prestigiosos a nivel mundial (de su mente surgieron títulos de recibo como Watchmen , V de Vendetta o las mejores planchas de La cosa del pantano).

From Hell describe con detalle los asesinatos de Jack el Destripador en plena época victoriana, a finales del siglo XIX, una excelente excusa que permite a sus autores esculpir una parábola social perfectamente extensible a nuestros días. El libro, de más de seiscientas páginas, fue relanzado por Planeta DeAgostini en su Colección Trazado (anteriormente fue editado en cinco tomos), aprovechando el tirón de su adaptación al celuloide. La generosa taquilla de la película, dirigida por los hermanos Hughes y protagonizada por Johnny Deep, ha dado a conocer un cómic de compleja factura que ha otorgado fama y reconocimiento a su dibujante. Campbell es además el creador de Baco, una popular serie, aparecida en España mano de La Factoría de Ideas, que relata las andanzas del dios griego en la actualidad, con más de 4.000 años.

Borja Crespo. Háblenos de From Hell, su obra más reconocida.

Narra los crímenes de Jack el Destripador, uno de los primeros asesinos en serie conocidos. Estoy convencido de que han existido este tipo de criminales desde el principio de los tiempos, pero Jack se ha convertido en un mito popular, y este dato es importante. Sus horribles fechorías tuvieron lugar al principio de la era moderna, una época que interesó a Alan Moore, el guionista, como reflejo de aspectos de la sociedad vigentes en la actualidad. Entorno a unos hechos concretos ha conseguido tejer un tapiz muy rico repleto de situaciones, muchas de ellas históricas.

B. C. ¿Qué le parece que se haya hecho una película basada en su trabajo?

Una de las páginas de la inquietante From Hell

Es un placer ver trasladada tu obra a la gran pantalla, pero han cambiado la historia por completo. Es muy difícil adaptar una historia tan voluminosa, un libro tan grueso, a una película de hora y media.

B. C. ¿Está descontento con el resultado?

La película ha estado en los primeros puestos en las lista de los films más taquilleros de EEUU, lo que ha permitido que el cómic se conozca mucho más. Eso sí, no hay que tomársela muy en serio, es un título más de Hollywood. En cambio el libro sí que hay que tomárselo en serio porque es fruto de una investigación rigurosa. Ha costado mucho trabajo, más de diez años, y en este sentido es muy diferente. Tiene mucho trasfondo.

B. C. ¿A qué tipo de público se dirige?

Es una novela gráfica para adultos. Al margen del sexo y la violencia que aparecen en sus páginas, From Hell tiene un contenido muy denso. Exige mucho esfuerzo mental leerlo. El público potencial es un lector adulto. Hay muchos datos y el contenido es complejo.

B. C. Los dibujos parecen bocetos tomados a partir de las escenas reales.

Me gustan las atmósferas impresionistas. No es un dibujo muy detallado, pero el ambiente es muy real.

B. C. ¿Se ha sentido cómodo trabajando con Alan Moore?

Es bastante habitual que los periodistas me pregunten por su grado de locura. Para mí es un genio, pero tiene un lado esperpéntico. En los últimos años ha empezado a practicar magia y adora a un dios serpiente de pega que se inventaron los romanos. Una especie de marioneta. Alan dice que prefiere adorar a algo así, para conocerlo bien, y no llevarse sorpresas en el futuro. Es un genio incuestionablemente. Estoy encantado de haber trabajado con él, de hecho estamos inmersos en un nuevo proyecto titulado Snakes and Ladders. Probablemente va a ser mi obra más complicada.

Viñetas clásicas

No es muy habitual encontrar en las tiendas libros basados en el mundo de la historieta. Los estudios teóricos sobre este medio abundan, e incluso existen novelas protagonizadas por héroes como Superman, pero la relación simbiótica entre ambas disciplinas artísticas ha dado sus mayores frutos cuando algún dibujante se ha atrevido a ilustrar su particular versión de un clásico de la literatura o de algún relato indispensable.

Inspirado en una obra de Cervantes, de cuyo nombre no quiero acordarme, nos llega un atractivo álbum publicado por Norma Editorial que podemos tomar como ejemplo de mestizaje entre cómic y literatura. The Last Knight, título traducido al castellano con claro olfato comercial como El Quijote, puede ser tomado como otra vuelta de tuerca a las tribulaciones del conocido personaje de La Mancha. Sin embargo, sus viñetas vienen firmadas por Will Eisner, uno de los autores de mayor prestigio en el campo de la historieta de todos los tiempos. Un clásico se une a otro clásico.

Will Eisner es el creador de la serie The Spirit, que casi todos los especialistas colocan entre las más importantes de la historia del cómic. Las aventuras protagonizadas por este conocido justiciero de traje azul y antifaz sentaron las bases de la narrativa, la estilística y el grafismo de la historieta contemporánea. Nada ha sido lo mismo en el universo de las viñetas desde su primera aparición, el 2 de junio de 1940 en el suplemento dominical Weekly Comic Book. El autor estadounidense, responsable del término novela gráfica, se encargó de dibujar y guionizar el popular personaje hasta 1951, con un paréntesis por obligaciones militares de 1942 a 1945. Tras supervisarlo un año más, abandonó a su vástago de papel dedicándose por completo a la publicidad y al dibujo humorístico.

La adaptación al cómic realizada por un maestro

A partir de 1978, año en que Eisner publica un libro con cuatro relatos situados en el Bronx neoyorquino de la Depresión bajo el título Contrato con Dios (A contract with God), sus intenciones narrativas cambian hacia otros derroteros, decantándose por situaciones más cotidianas y ternuristas. Le atraen las visiones de la vida urbana, e incluso se atreve a ilustrar una obra autobiográfica, El soñador (The dreamer), editada por primera vez en 1986. Explorar el cómic como forma literaria y herramienta didáctica se convierte en su principal inquietud, un objetivo que le lleva a realizar un estudio a conciencia cuyas conclusiones plasmó en dos trabajos de obligada lectura para todo amante del noveno arte: El cómic y el arte secuencial y La narración gráfica.

Con el álbum de El Quijote, como ya hiciera en su momento con Moby Dick, la novela de Edgar Melville, Eisner homenajea una de las grandes obras de la literatura universal y esculpe al célebre hidalgo, defensor de las causas perdidas, como un loco preso de sus ensoñaciones. El resultado, algo torpe en el dibujo debido a la edad del octogenario artista, es un entrañable entretenimiento, no exento de humor, que comprime en 32 páginas a todo color la densa obra de partida, una ardua tarea que ha sido solventada mediante la utilización de Sancho Panza como narrador.

Obras indispensables de Will Eisner

The Spirit

Uno de los mitos de los cómics: The Spirit

Las aventuras de este héroe enmascarado que lucha contra el crimen al margen de la ley, vestido con traje y sombrero, aparecieron por primera vez en 1940 en prensa -los primeros comic-books, a modo de suplemento en periódicos-, convirtiéndose en poco tiempo en un fenómeno equiparable al constituido por Ciudadano Kane en el cine. Sus planchas cambiaron la óptica de la narrativa por completo mediante brillantes guiones que mezclaban el género criminal clásico con la fantasía ligera, manteniendo el equilibrio entre la parodia y el drama. Una interesante galería de personajes, con secundarios de lujo, redondeaba una obra innovadora cuya original puesta en escena no ha perdido ni un ápice de fuerza con el paso del tiempo. Todo ello acompañado de una notable calidad en el dibujo, como cabe imaginar.

Contrato con Dios

Cuatro emocionantes historias humanas protagonizadas por gente sencilla en el Nueva York de los años treinta. El peculiar estilo de Eisner, con personajes desmesuradamente gestuales, llenos de vida, se hace participe más que nunca cuando todo el mundo le creía jubilado. Sobrepasando la edad de los sesenta, el dibujante vuelve a demostrar su empeño en innovar dentro del medio, confirmando que The Spirit era un laboratorio de experimentos gráficos. Busca un nuevo tipo de tebeo que algunos califican de cinematográfico. Un adjetivo que no es de extrañar observando su peculiar visión de cada encuadre. Incluso prescinde del marco de la viñeta. Refiriéndonos al contenido, cambia el thriller por el drama y el espectáculo por la vida misma.

El soñador

La visión de Eisner de New York

Una historia autobiográfica que desmenuza los primeros años de Eisner como profesional del lápiz en el estudio Eisner-Iger, creado junto a Jerry Iger. Trabajaron para editoriales como Quality, Fiction House o Fox, con títulos como Blackhawk o Sheena, Queen of the Jungle, y dieron su oportunidad a autores que posteriormente se convertirían en auténticas figuras, entre ellos Bob Kane y Jack Kirby, responsables de Batman y Los 4 Fantásticos respectivamente. La obra le sirve de excusa para analizar la industria del tebeo en los años treinta y cuarenta, al igual que las páginas de Viaje al corazón de la tormenta -otro trabajo a destacar en esta lista, también fruto de la memoria y la nostalgia-, nos ofrecen una visión crítica de la Segunda Guerra Mundial, terrible acontecimiento del que no se libró un joven Eisner reclutado a la fuerza.

El edificio

Los habitantes de un edificio de Nueva York son objeto de estudio. El ambiente que rodea a los personajes y sus relaciones son descritas con la precisión de un cirujano que escarba en un fragmento de vida urbana. El entorno marca el carácter del individuo y si en esta ocasión se analiza, entre la comedia y el drama, el interior de una vivienda, en otras obras igualmente indispensables como La Avenida Dropsie la mirada del autor se centra en toda una calle, tomada como ejemplo para describir la historia de una nación con sus cambios sociales y políticos, reflejados en gente corriente que durante un siglo pasea sobre sus adoquines. En Crepúsculo en Sunshine City toda una ciudad es testigo de los últimos días de un hombre de 70 años obligado a afrontar la muerte mientras Una cuestión de familia, otro álbum recomendable, nos ofrece una visión crítica del entorno familiar. Todas las obras antepuestas están publicadas por Norma Editorial.

Entender el cómic de Scott McCloud. El arte invisible

Uno de los problemas básicos de la escasa repercusión del cómic es la falta de libros teóricos sobre el medio. Apenas existen ensayos de peso y tampoco abundan los estudios históricos, a pesar de que, en los últimos años, el panorama está cambiando considerablemente. Las viñetas son grandes desconocidas para muchos, no se les toma en serio, ni como arte ni como cultura ni como una estupenda opción para combatir el tedio. Sin embargo, los entusiastas de los tebeos no paran de proclamar a los cuatros vientos que el resto del mundo se está perdiendo algo. Y no les falta razón. "¡El potencial del cómic es ilimitado y apasionante!", exclama Scott McCloud, responsable de Entender el cómic. El arte invisible, un grueso volumen de 224 páginas, rescatado por Astiberri Ediciones, que arroja luz sobre una incomprendida forma de expresión que merece mejor suerte.

Portada de la obra

Considerado una de las obras básicas sobre la teoría del cómic como forma artística y medio de comunicación por los aficionados a la historieta y autores de reconocido prestigio como Alan Moore, Will Eisner o Art Spiegelman, Entender el cómic explora los entresijos de arte secuencial con conocimiento de causa, desde el desarrollo histórico del medio a la propia definición del vocablo "cómic", o su extenso vocabulario. Curiosamente, McCloud ha decidido explicar cómo manejarse entre viñetas dibujándolas, desnudando sus mecanismos internos y examinando diversos aspectos de la comunicación visual mediante los recursos propios de la historieta. Las imágenes han dado pie a un elaborado trabajo que ha sido traducido a 13 idiomas y ha ganado importantes premios como el Eisner o el Harvey.

Scott McCloud, nacido en 1960 en Massachusetts, es el creador de la serie de culto Zot!. Empeñado en convencer al gran público de que el cómic puede ser tan vital e importante como el cine, la literatura o cualquier otra disciplina, su labor como teórico de la historieta es incuestionable, como queda patente en Entender el cómic, una obra que ha recibido numeroso elogios con nombre propio. "Si alguna vez te has sentido mal por desperdiciar tu vida leyendo cómics, échale un vistazo a este clásico de Scott McCloud inmediatamente", recomienda Matt Groening, creador de Los Simpson en la contraportada del libro. "Puede que sigas teniendo la impresión de haber desperdiciado tu vida, pero sabrás por qué y te sentirás orgulloso".

¡Cuidado con el superserdo!

¿Se puede ser un auténtico patán y un superhéroe a la vez? Sí, amigos, no hay nada como pasearse enfundado en un pijama de colores, luciendo musculitos, y demostrar a la humanidad lo supergilipollas que se puede llegar a ser. Este es el hilarante caso de Wonder Wart-Hog, más conocido como El Superserdo, un personaje que parodia con inusual mala baba las historietas que más venden en esto de los tebeos, ridiculizándolas por momentos. Nacido de la mente retorcida (y lisérgica) de Gilbert Shelton, el papá de los archiconocidos Freak Brothers, el porcino (anti)héroe que nos ocupa protagoniza las páginas de una colección de diez comic-books editados por Ediciones La Cúpula dentro de su colección Fuera de Serie. La editorial catalana, todo un ejemplo de supervivencia dentro del más puro underground, agita de nuevo nuestras conciencias con material iconoclasta no apto para mentes bienpensantes.

A principios de los años 60, en plena efervescencia cultural alternativa, surgen las aventuras de Superserdo (Philbert Desanex cuando el tipejo en cuestión está de incógnito), un jabalí de alto octanaje que decide combatir el mal sin distinguirlo demasiado en una sociedad caótica contaminada por el sin sentido. Sus historietas han tenido una trayectoria dispersa, luciendo en el sumario de prestigiosas publicaciones de carácter subterráneo como Zap Comix o Help!, ésta última capitaneada por el inefable Harvey Kurtzman. También ha tenido cabecera propia, e incluso despertó en su momento las filias de artistas como Terry Gilliam, quien no dudó en incluir alguna de sus viñetas en una de sus iniciativas impresas. En nuestras fronteras el amorfo y atolondrado superhéroe ha visitado las páginas de las revistas sólo para supervivientes Makoki y El Víbora, como cabe imaginar dada la naturaleza underground de la propuesta.

Pero hablemos un poco del padre de la criatura, del arte del bueno de Gilbert Shelton, sin duda el número dos de la historia del cómic underground clásico, por detrás únicamente del indiscutible talento del mítico Robert Crumb. Este dibujante con aspecto de entrañable hippie incombustible, siempre rodeado de latas de cerveza cuando firma ejemplares cual poseso en salones del cómic como el de Barcelona, nació el 31 de mayo de 1940 en Dallas y se licenció en Letras, aunque siempre demostró un enfermizo interés por el dibujo humorístico. Cuentan las malas lenguas, o las buenas según se mire, que justo cuando comenzaba a labrarse una reputación en el circuito de publicaciones alternativas, gracias a Superserdo y otros seres de papel, sufrió una ataque de inspiración que dio lugar a sus personajes más populares, los Freak Brothers, adorados por cientos de lectores a lo largo de toda la geografía interplanetaria.

Una de las portadas

Su iluminación fue debida a un atracón de celuloide que expandió su espíritu al batirse en su mente fotogramas protagonizados por los sempiternos Hermanos Marx y los cómicos The Three Stooges, inspiración de enloquecidos directores de cine como Sam Raimi. Una vez delante de la hoja en blanco, armado con su pluma, surgieron los hermanos más disparatados de la historia del cómic, tres peludos irredentos, adictos a la marihuana, cuya única obsesión en la vida es no dar un palo al agua. Vagos hasta hartarse, las tribulaciones de los Freak Brothers dieron su pistoletazo de salida en 1967 en la revista Rag, agitando las conciencias de los jóvenes de la época hasta convertirse en todo un icono popular. El inquieto Gilbert Shelton formó por aquel entonces, junto a Fred Todd y Don Baumgart, la editorial alternativa Rip Off Press, trampolín en EE.UU. de autores como Max, Martí o Vuillemin. Además también es responsable de las historietas de Not Quite Dead, un esperpéntico grupo musical sin demasiado futuro co-creado junto al francés Pic, y de las peripecias del Gato de Fat Freddy, un minino mas listo que sus amigos los humanos.

Las diez ácidas entregas de la serie Wonder Wart-Hog reúnen más de 400 páginas, algunas de ellas inéditas, que el propio Shelton se ha encargado de recopilar con cariño para su publicación en nuestro mercado. A lo largo de cientos de viñetas Superserdo lucha encarnizadamente contra villanos rematadamente absurdos como Superpoli, Supertonto o Superpatriota, hábiles muestras de que algo podrido huele en el planeta Tierra. ¿Estamos abocados al fracaso? ¡Oh, cielos! ¡Huyamos!

Borja Crespo

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