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Cómics y bibliotecas

Americanos y alternativos. Selección de obras y autores

Todos los textos escritos por Borja Crespo han sido publicados con anterioridad en otros medios y reproducidos aquí con su autorización. Algunos de ellos han sido modificados y actualizados para su publicación en @bsysnet.com.

¡A tiro limpio!

Un tipo bien vestido con un maletín en la mano resulta intrigante, sobre todo si nos persigue insistentemente allá donde vamos y se sienta a nuestro lado en el autobús para hundirnos en la perplejidad con un extraño discurso. No es el cobrador del frac, ni un ejecutivo agresivo. Ni siquiera un asesino a sueldo escondido tras unas gafas de sol. Es un ser enigmático que nos hace una extraña pregunta: "¿Le gustaría matar a alguien que odia profundamente y salir limpio del crimen?".

El sujeto en cuestión, además, lo sabe todo sobre nosotros. Absolutamente todo. Escarba en nuestro inconsciente y saca a relucir todo nuestro odio. A todos se nos ha pasado por la cabeza alguna vez exterminar a ese vecino pesado que nos despierta los domingos por la mañana con su maldito taladro o estrangular a esa señora maleducada que siempre se cuela en la pescadería. La lista negra puede ser muy amplia. Pero, ¿qué ocurriría si esa persona que repudiamos nos ha destrozado la vida de verdad? La venganza es un plato que se sirve frío, con abundante picante, y el personaje del maletín nos plantea una jugosa oferta: podemos apretar el gatillo sin que nos pillen. En tal caso, ¿cuál sería nuestro comportamiento?

Portada de uno de los números

Esta es la jugosa y polémica base argumental de 100 Balas, la serie que ha roto moldes al otro lado del Atlántico y ha encumbrado a sus autores: el guionista Brian Azzarello -conocido principalmente por su trabajo en Hellblazer respaldado por el arte de Richard Corben y Marcelo Frusin entre otros genios del lápiz- y el dibujante argentino Eduardo Risso -responsable de varias historietas de Aliens y de las viñetas de Boy Vampire con guiones de Carlos Trillo-. La obra, publicada por DC bajo el sello Vertigo, ha cosechado excelentes críticas entre los aficionados y profesionales del medio que la consideran digna sucesora de la exitosa saga Predicador.

Azzarello y Risso iniciaron su trayectoria en común con la serie limitada Jonny Double, revisitación del detective privado creado por Len Wein en 1968. La notable acogida de este proyecto, editado por DC, les permitió entrar de lleno en la laureada línea Vertigo de la editorial norteamericana, que les reunió de nuevo para crear una serie abierta que atrapara al público con historias intensas. El resultado es un buen cómic negro, tocado por el drama, que invita al suspense viñeta a viñeta. Su estructura narrativa desgrana una sucesión de arcos argumentales que combinan con acierto personajes atractivos y diálogos absorbentes. Los dibujos expresivos del artista argentino terminan de redondear la interesante propuesta, cuya trama trufada de sexo, dinero y muerte ha cautivado a guionistas de la talla de Warren Ellis o Garth Ennis.

100 Balas cruzó nuestras fronteras de la mano de Norma Editorial. Bajo el título Primer disparo la casa catalana lanzó al mercado los cinco primeros números de la serie, reunidos en dos volúmenes impregnados de sangre y pólvora. La lectura de las primeras páginas nos presentan al Agente Graves, un hombre que, según palabras del propio Brian Azzarello, "te da la oportunidad de la vida: los medios, manera y método para cometer un asesinato y no ser condenado por ello. Sus clientes siempre tienen algo en común: alguien les ha hecho una muy gorda". El maletín que pasea el misterioso personaje contiene una carta blanca, una pistola y 100 balas. ¿Qué puede uno hacer con semejante regalito?

Blankets: dibujos con sentimiento

Sus educadores etiquetaban su pasión por dibujar como una frivolidad. No le ponían las cosas nada fáciles. Pero a pesar de la adversidad, el joven Craig Thompson no cesó en su empeño de garabatear hojas en blanco para canalizar sus emociones y encontrarse a sí mismo. No suele ser habitual que un autor novel arrase con sus primeras novelas gráficas, máxime si sus anteriores trabajos se limitaban a leves balbuceos de apenas un puñado de viñetas publicadas en tebeos de pequeño formato. Sin embargo, el sugestivo artista objeto de estas líneas confirma que siempre hay excepciones. Sin haber traspasado la treintena, su pluma es responsable de dos títulos esenciales para entender el actual auge del cómic independiente americano.

Adiós, Chunky Rice, definido por su autor como "la canción triste que pones en una noche lluviosa mientras piensas en viejos amigos", dio a conocer rápidamente el trabajo de este inquieto dibujante nacido en Travers City, Michigan, en 1975, y criado en Wisconsin. El álbum, primero en su imparable carrera, cosechó multitud de premios al otro lado del Atlántico, entre ellos el Harvey concedido al mejor nuevo talento. Este merecido galardón, así como una nominación a los premios Eisner, colocó la obra en la lista de los cinco mejores comics del 99, publicada por la prestigiosa revista The Comics Journal. La propuesta, editada en nuestro mercado por La Factoría de Ideas, tomó cuerpo a partir de una idea que golpeaba insistentemente la mente de su creador: realizar una historieta sobre los amigos a los que echaba de menos tras su marcha de la ciudad. Aires de melancolía impregnaban una sucesión de emotivas viñetas protagonizadas por animales antropomórficos y humanos esperpénticos, en la línea de la imaginería del cineasta Tim Burton, desvelándose un loable canto a la amistad que dejaba entrever una mirada profunda a nuestros sentimientos, con el cómic como medio de expresión. Una tortuga es la estrella de la función del álbum pergeñado por Thompson. Su viaje en busca de respuestas le llevará a realizar una travesía en una embarcación poco acogedora donde conocerá a unas siamesas de extraño comportamiento y a un capitán de barco déspota y desconsiderado. Desconcertada por la extrema soledad que la envuelve, los recuerdos fluirán en su cabeza, representados mediante flash-backs perfectamente integrados en la narración.

Una de las portadas de la edición española

Craig Thompson se crió rodeado de tebeos, video-juegos, juguetes y la dichosa televisión. Comenzó sus estudios en la escuela de Arte y Diseño de Milwakee, pero su vida académica apenas duró seis meses. Trabajó en el campo del diseño gráfico, primero para un periódico, luego para una agencia de publicidad y finalmente para la editorial Dark Horse, en Portland, Oregon, ciudad donde reside hoy en día, al igual que otros autores de historietas de rabiosa actualidad como Joe Sacco. Antes, había sido agricultor en Wisconsin, una experiencia que cita como la más importante influencia en su obra, catapultada a la fama definitivamente gracias al éxito de Blankets, una novela gráfica con la friolera de 600 páginas, en un deliciosos blanco y negro, que ha logrado calar hondo en los corazones de miles de aficionados al noveno arte, así como lectores en potencia de literatura de altura (curiosamente, ha vendido más en librerías que en tiendas de comics). La edición norteamericana de este recomendable título, que ha sido publicado en nuestras fronteras gracias al empeño de la casa bilbaína Astiberri, agotó una primera tirada de 10.000 ejemplares en apenas cinco semanas, según anuncia el Publishers Weekly, y fue elegido como uno de los diez libros del año según Booklist.

Thompson menciona a Vladimir Nabokov y Gabriel García Márquez como sus autores favoritos, y siente que el arte en general se asemeja "al acto de leer una carta escrita a mano por el propio artista". No es de extrañar que, acorde a esta afirmación, su nuevo trabajo en proyecto sea un cuaderno de viajes, donde incluirá su experiencia en España tras su visita Salón Internacional del Cómic de Barcelona. "Voy a llevar un meticulosos diario en forma de cómic mientras esté viajando por Europa y Marruecos esta primavera", explica Thompson en una interesante entrevista en las páginas de un número de la revista especializada Trama. "Es un proyecto que me entusiasma, como tener deberes en vacaciones. Está programado que salga en verano con el sello Top Shelf". En las mismas fechas está previsto también el lanzamiento de un CD con la banda sonora de Blankets, música instrumental inspirada directamente en las páginas del lujoso tomo, compuesta por un grupo de Portland llamado Tracker. "Es un trabajo atmosférico muy bonito", relata el dibujante. "He realizado algunos dibujos nuevos inspirados por los sonidos. El grupo sale de gira en verano y puede que vaya con ellos".

La nostalgia queda atrapada en cada página de Blankets, que no oculta su carácter autobiográfico. Su artífice tardó tres años y medio en completar el trabajo: "un año me llevó escribir el guión", comenta, "otros dos el dibujo definitivo y seis meses escanear, abocetar y diseñar el tomo". Compaginó esta labor con la de ilustrador por cuenta propia, diseñando cómics e ilustraciones para Nickelodeon, DC, Marvel, National Geographic Kids o la antes mentada editorial Dark Horse, entre otras empresas. Las conmovedoras imágenes del grueso volumen, elegido como mejor libro del año por el Library Journal y Time Magazine, demuestran un excelente dominio del lenguaje del cómic, con diálogos precisos y un grafismo lleno de vida que describe la historia, dolorosamente hermosa, de un primer amor convertido en una obsesión con el paso del tiempo. Autores de peso, como el guionista Neil Gaiman, han elogiado las buenas maneras de Craig, reivindicando una sensibilidad excepcional que ofrece una hábil mixtura entre la poesía y el arte secuencial.

Blankets explora temas tan vitales como la familia, la religión, los primeros amores, las inseguridades de la adolescencia y la falta de comunicación entre las personas. "Tanto en Blankets como en Chunky Rice intentaba capturar una experiencia emocional, más que un argumento complejo", afirma Thompson, aún incrédulo ante los más de 20.000 ejemplares vendidos de su obra. "La estructura narrativa tradicional me aburre, ya que no es la forma en que la vida real funciona, y los cómics, en particular, son conocidos por sus argumentos llenos de acción y explosiones. Quería crear viñetas que conmovieran al lector como lo hace una canción. Me he preocupado más en describir la experiencia de un copo de nieve cayendo que en crear una historia épica". Estamos, por tanto, ante una novela gráfica que ha marcado un hito. Un álbum de historietas que se codea con los best-seller y, por qué no negarlo, se asemeja mucho a un libro en algo más que en su grueso aspecto. Dibujos con sentimiento.

Periodismo y viñetas

Planeta DeAgostini, publicó en nuestras fronteras Gorazde: Zona Protegida, una novela gráfica, escrita y dibujada por Joe Sacco, que aúna cómic y periodismo. La guerra en Bosnia oriental es su escalofriante tema central.

"Gorazde: Zona Protegida es tanto la historia de la práctica muerte de una ciudad como la historia de los primeros nuevos pasos de una ciudad hacia la vida." Joe Sacco (abril de 2000)

Gorazde: Zona Protegida es un ejercicio de divulgación, un diario de viaje que analiza unos hechos realmente alarmantes: la guerra en Bosnia oriental entre 1992 y 1995. El dibujante y periodista Joe Sacco trabajó sobre el terreno, visitando y conociendo a las gentes del lugar con la intención de reflejar lo más fielmente posible lo que allí ocurrió, con un tratamiento íntimo y fidedigno, aunando sus dos grandes pasiones: el cómic y la prensa. Gracias a un lápiz, un cuaderno, una cámara de fotos y una grabadora, recopiló diversos testimonios de los habitantes de la castigada zona, ejerciendo una labor de investigación excepcional cuyo resultado ha quedado plasmado en la novela gráfica que nos ocupa, un volumen de 230 documentadas páginas, ilustradas con un estilo expresionista donde confluyen el realismo y la caricatura.

El drama de la guerra desde el prisma de los cómics

Los pueblos de Bosnia oriental acogieron, para su desgracia, numerosas cruentas matanzas, tan salvajes como irrazonables, hasta que las Naciones Unidas decidieron crear las llamadas Zonas Protegidas, territorios habitados por musulmanes rodeados y acosados por las fuerzas serbo-bosnias. Gorazde: Zona Protegida (obra publicada en nuestro mercado por Planeta DeAgostini en su Colección Trazado), es la historia de una ciudad que sobrevivió a la guerra y a la inexplicable limpieza étnica que asoló la antigua Yugoslavia. Joe Sacco visitó el enclave a finales de 1995 y principios de 1996, cuando el conflicto bélico llevaba más de tres años sembrando la muerte a su paso.

Años antes de esta experiencia, el inquieto Sacco convivió con judíos y palestinos en un intento de desentrañar el núcleo del conflicto entre ambos bandos. El resultado fue Palestina, un trabajo de periodismo gráfico que le valió un American Book Award en 1996. El afán documentalista y el deseo de entender las causas que llevan al hombre a matarse en nombre de terribles slóganes son las principales motivaciones de este autor inusual que prefiere el cómic para dar testimonio de sus esfuerzos periodísticos.

Joe Sacco nació en Malta en 1960, aunque se trasladó a Australia a la edad de un año, donde se crió en el seno de una comunidad de emigrantes europeos. En 1972 se mudó con su familia a Los Angeles y posteriormente a Portland. En 1986 empezó a trabajar para la editorial independiente americana Fantagraphics, que ha publicado prácticamente todo el grueso de su obra. Entre 1988 y 1992 viajó por todo el mundo y como resultado de sus experiencias pergeñó una serie de comic-books bajo el título Yahoo. En 1991 se licenció en la facultad de periodismo de la Universidad de Oregón. Por esas fechas pasó dos meses en Israel, la semilla de su laureado trabajo Palestine (93-95). Después se interesó por la guerra de los Balcanes, visitando en vivo y en directo el núcleo del conflicto, fuente de inspiración de Stories from Bosnia (98) y Gorazde: Zona Protegida (00).

Jimmy Corrigan. Estética rompedora

"No se parece a ningún cómic que hayas podido leer con anterioridad: si te saltas una página, te pierdes un detalle imperceptible...". Esta es una de las muchas frases que se puede escuchar de la boca de un aficionado a los tebeos, o leer en la prensa escrita, no necesariamente especializada, cuando se habla de Jimmy Corrigan, una de las obras más premiadas de las historia del noveno arte, merecedora, entre otros galardones, de un American Book Award (2000), además de recibir el primer premio literario del prestigioso periódico británico The Guardian (2001) y los Alph-Art al mejor álbum y el premio de la crítica en el esencial festival de Angulema (2003). Nuestro desconcertante mercado ha recibido con algarabía la edición de un volumen recopilatorio, a cargo de Planeta de Agostini, que brinda al lector la oportunidad de comprobar, por fin en castellano, si las virtudes atribuibles a este inclasificable trabajo firmado por Chris Ware (Nebraska, 1967) son realmente ciertas.

El éxito de la novela gráfica de Ware, uno de los artistas más emblemáticos de su generación, es comparable al reconocimiento de Maus, el clásico de Art Spiegelman que retrata la historia de un superviviente del genocidio judío a manos de los nazis con ratones como estrellas de la desgarradora función. Precisamente este reconocido autor se fijó en las buenas maneras del máximo responsable de Jimmy Corrigan, invitándole a participar en las páginas de su mítica cabecera Raw. Pero antes de entrar en esta indispensable revista en 1987, el chico más listo del mundo, tal y como se conoce al popular personaje objeto de esta líneas, había visto la luz en The Daily Texan, un importante periódico universitario estadounidense, donde su dibujante colaboraba mientras asistía a la Universidad de Austin (Texas). El diario Chicago New City lo acogió como doble tira semanal con posterioridad.

Nadie queda indiferente ante Jimmy Corrigan

En 1994 la editorial Fantagraphics Books, adalid de la historieta alternativa del país de las barras y estrellas, brindó a Ware la oportunidad de desarrollar su propia antología, The ACME Novelty Library, donde se publicó Jimmy Corrigan en diversos formatos con diferentes diseños, alternándose con Quimby the Mouse. La estética, pulcra y sintética, es una de las mayores preocupaciones de este personal creador que, para muchos entendidos, ha reinventado el lenguaje de los cómics, obsesionado con el famoso dicho "el medio es el mensaje". La importancia de su obra reside principalmente en el aspecto narrativo, que refleja una personalidad arrebatadora. En el libro se nos presentan dos narraciones separadas por secuencias oníricas en las que se nos describe, por un lado, el encuentro entre un treintañero perdedor y su padre, al que nunca llegó a conocer y, por otro, el abandono de su abuelo por parte de su bisabuelo, más de 80 años antes. La excusa perfecta para explorar la soledad existencial y la transmisión de comportamientos de padres a hijos, con el exorcismo de fantasmas particulares planeando sobre al cabeza de un artista que ha convertido a su personaje en el alter ego ideal con el expresarse y transmitir sensaciones. "Con paciencia, atrae al lector a silencios increíbles, ensoñaciones infantiles e interacciones familiares dolorosas", ha comentado al respecto The Washington Post, mientras las páginas del Time destacaban como "a cambio de tus esfuerzos, este libro embriagador e inolvidable cambiará tu forma de mirar el mundo".

El tomo de Jimmy Corrigan, 380 páginas que defienden a capa y espada el casamiento perfecto entre la forma y el mensaje, luce estupendamente en la biblioteca junto a Blankets, la mastodóntica obra de Graig Thompson editada recientemente por Astiberri. Ambos títulos se erigen como puntas de lanza de un creciente interés por las historietas en formato de novela gráfica, un tipo de producto a medio camino entre el libro tradicional y el tebeo, con una edición cuidada, encuadernación de lujo y tapas duras, y un precio de venta por encima de la media. Estas características han permitido que el cómic obtenga un mayor espacio en grandes superficies y librerías convencionales, saliendo del limitado ghetto de los quioscos y las tiendas especializadas.

De ratones y hombres

Este sugestivo trabajo, visceral testimonio del Holocausto judío, cuenta con un inmejorable currículum que ha despertado el interés de un amplio abanico de público. Una beca del Museo Guggenheim de Nueva York, un Yellow Kid y el premio Pulitzer, obtenido en 1992, avalan la propuesta, firmada por el reputado Art Spiegelman. Numerosos intelectuales han elogiado la obra, entre ellos Umberto Eco, quien no ha dudado en afirmar que estamos ante "un libro conmovedor que uno no puede dejar, ni siquiera para dormir".

Maus es una obra autobiográfica. Su autor se vale del testimonio de su padre, recogido a través de suculentas conversaciones, para narrar un hecho desgarrador: la historia de un superviviente del genocidio judío a manos de los nazis. Spiegelman reúne las palabras relatadas por su progenitor, Vladek Spiegelman, y las transmite al papel, utilizando hábilmente las posibilidades formales del medio. El lenguaje del cómic es exprimido a conciencia, dando lugar a una propuesta de impecable pulso narrativo donde se entremezclan con precisión hechos del pasado y del presente. Imágenes que describen el proceso de creación de la obra se alternan fluidamente con el terrible documento desgranado por una víctima de Auschwitz. Los recuerdos de una guerra y sus consecuencias en la posterior vida de aquellos que se salvaron de la muerte, sirven como ejercicio de catarsis a un genio del lápiz que exorciza sus monstruos: una dura relación paterno-filial, la sombra de una madre suicida y el fantasma de un hermano santificado al que nunca conoció.

Un Pulitzer para un cómic

Sin concesiones a la lágrima fácil, con un estilo de dibujo simple lleno de expresividad, Spiegelman logra captar nuestra atención viñeta a viñeta. La lectura de Maus es hipnótica, un hecho que no ha pasado desapercibido para crítica y público, convirtiendo a su creador en uno de los dibujantes de mayor talento de la historia del noveno arte. Cabe resaltar que los protagonistas de la novela son animales antropomórficos: los judíos son ratones y los nazis que ocupan Polonia son gatos. Esta división, aunque pueda invitar a creer lo contrario, no cae en el maniqueísmo.

Art Spiegelman nace el 15 de febrero de 1948 en Estocolmo, ciudad donde residen sus padres una vez finalizada la 2ª Guerra Mundial. En 1951 la familia se traslada a EE.UU, concretamente a Nueva York, donde el dibujante crece y estudia arte y diseño. En 1966 empieza a trabajar en la Topps Gum Co., empresa para la que realiza dibujos para pegatinas y cromos durante casi 20 años (de esta época datan las conocidas imágenes de La Pandilla Basura). Paralelamente a esta actividad laboral, emplea su tiempo en la creación de cómics underground. A mediados de los setenta, de regreso a Nueva York tras una temporada en San Francisco, funda la revista Arcade junto a Bill Griffith e inicia una trayectoria ascendente como ilustrador para publicaciones como New York Times, Village Voice y Playboy.

Con la ilusión de difundir el cómic y el arte de vanguardia, animado por su mujer Françoise Mouly, Spiegelman funda a finales de los setenta la revista Raw, una iniciativa innovadora que comenzó su andadura con una tirada modesta que tuvo que ser ampliada debido a la creciente demanda. Art compaginó esta labor editorial, que acogió a artistas americanos y europeos, con su docencia en la School of Visual Arts (1979-1986). En la actualidad es ilustrador, colaborador y editor adjunto de New Yorker.

Art Spiegelman publicó Maus en las páginas de la revista Raw, de una forma serializada, entre 1980 y 1991. La recopilación del primer libro, Maus: A Survivor´s Tale, apareció al otro lado del Atlántico de la mano de Pantheon en 1986, bajo el título My Father Bleeds History. En 1991 llegó la segunda entrega, And Here my Troubles Began. Maus tuvo una primera incursión en nuestro mercado en 1989. Norma Editorial y Muchnik Editores publicaron su primera parte, quedando la segunda inédita por estos lares hasta la salida de la edición completa por parte de Planeta deAgostini.

Borja Crespo

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