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Analizando los últimos movimientos que sacuden el panorama del cómic, el personal que nada habitualmente entre historietas está ligeramente cansado de tanto héroe de acción ocupando viñetas a doble página sin demasiado que decir. Quizás, ante nuestra sorpresa, el lector evoluciona y espera algo más que una simple colección de mamporros en bonitos colores. La clave está en encontrar el equilibrio entre la pura evasión y la reflexión, una armonía que impregna las páginas de autores alternativos que se dedican a diseccionar la realidad utilizando el lápiz como fino bisturí. Del otro lado del Atlántico nos llega precisamente un vocablo que define este modo de entender la historieta: slice of life. Para entendernos, fragmentos de vida.
El cómic costumbrista está en auge, especialmente por estos lares donde autores americanos como el reconocido Peter Bagge, creador de Odio, vende proporcionalmente más ejemplares de su cosecha en nuestras fronteras que en su país de origen. Es indudable que este tipo de tebeos está experimentando un fenómeno de expansión, o más bien una espectacular moda, que también ha calado hondo en las mentes de jóvenes talentos que despuntan entre la avalancha de propuestas independientes que brotan en nuestro mercado -firmas como Sergio Córdoba, Miguel Núñez, Calo, David López, Joan Marín, etc.-.
Son muchas las obras que pueden pertenecer a este movimiento tan cercano al lector, algunas no tan recientes -el arte de Robert Crumb sin ir más lejos, que tanto ha influenciado a esta oleada de artistas introspectivos-. Centrándonos en los últimos valores foráneos que nos trae esta emergente tendencia, que al fin y al cabo son los que marcan pautas, abrimos brecha con una editorial canadiense especialmente entregada a promover este material: Drawn & Quaterly (D&Q). En su atractivo catálogo, gran parte disponible en nuestras tiendas gracias a La Factoría de Ideas, podemos encontrar los títulos más significativos de este género, entre ellos La vida está bien, si no te rindes, un trabajo de obligada lectura que abrió nuevas vías narrativas en el medio, ganándose entre los entendidos el calificativo de uno de los mejores tebeos de la década de los noventa.
La vida está bien, si no te rindes (La Factoría de ideas (1) refleja perfectamente la filosofía del término slice of life. Su autor, Seth, se convierte en el protagonista de una historia que busca el sentido de la vida planteándose incógnitas que no siempre obtienen respuesta. La nostalgia, el amor y otros sentimientos universales puestos sobre la mesa en una trama donde los toques autobiográficos son evidentes, una característica extensible a los trabajos de Chester Brown y Joe Matt, dos dibujantes que, junto al antepuesto, conforman un grupo creativo de lo más curioso. El trío, residente en Toronto, comparte una fuerte amistad que ha influido en sus respectivas trayectorias. Se representan mutuamente en sus páginas e intercambian ideas en una interesante relación simbiótica.
Chester Brown también se dibuja a sí mismo, aunque el interés por líneas argumentales no autobiográficas le han llevado en los últimos años por otros derroteros. Una de sus obras más representativas, El Playboy (Ed. La Cúpula), cuenta sus experiencias como ávido lector de esta conocida publicación calenturienta. Se mira al espejo y lanza una mirada implacable sobre su propia vida, en este caso recordando su atormentada adolescencia. El resultado es un retrato realmente escalofriante.
El sexo es un tema recurrente que también recala en las viñetas de Joe Matt, el tercero en discordia, igualmente encantado de verse retratado en sus delirios gráficos. En Peepshow (La Factoría de Ideas) asistimos a la recreación, nada escrupulosa, de sus problemas con las mujeres, su relación con sus amigos, la experiencia de compartir un piso y otros avatares de la vida cotidiana. Una especie de Woody Allen metido a dibujante.
Más joven que los anteriores artistas, pero igual de inquieto, es Adrian Tomine, otro autor perteneciente a las filas de D&Q. Sus historias cortas, pobladas por personajes más que cercanos, describen lo cotidiano de un modo brillante -no hay que perderse Sonámbulo y otras historias (La Factoría de Ideas)-. La maestría que demuestra para atrapar sentimientos y plasmarlos en papel, al igual que su excelente capacidad para narrar en imágenes, le han permitido verse incluido entre los creadores más importantes del momento. Además goza de un aliciente que respira a lo largo de todo el presente artículo: su propuesta atrae a todo tipo de público, no exclusivamente a los aficionados.
El último dibujante relacionado con D&Q que citamos es Jason Lutes, responsable de Juego de Manos (Ed. La Cúpula), una novela gráfica de impecable estructura narrativa que relata las tribulaciones de un atajo de perdedores que intentan recuperar el rumbo perdido. Ilustraciones llenas de magia.
No podemos olvidarnos de otros genios que tocan de cerca la etiqueta que nos ocupa, impulsados en esta ocasión por la editorial Fantagraphics. Antes hemos mencionado a Peter Bagge, quien describe en Odio (Ed. La Cúpula) con un humor marcadamente corrosivo las peripecias de Buddy Bradley, un joven de naturaleza enfermiza que se ha convertido en un personaje emblemático de la juventud de los noventa.
Mencionar a Daniel Clowes también es inevitable, pues la aparición de sus historietas en nuestras librerías significó el pistoletazo de salida de la invasión del cómic alternativo made in USA. Ghost World (Ed. La Cúpula), posiblemente una de sus mejores propuestas, explora el camino hacia la madurez de dos adolescentes de incierto futuro con una emotividad pasmosa. Estas porciones de vida, convertidas en viñetas, han sido trasladadas también al celuloide recientemente.
Y finalizamos la lista, incompleta pero necesaria, con los hermanos Hernández, Jaime y Beto, quizás los padres del invento slice of life. Su serie Love & Rockets es una referencia ineludible donde no faltan las escenas costumbristas y las relaciones humanas a flor de piel. Títulos imprescindibles como Las mujeres perdidas, Río Veneno, Be-Bop-A-Luba o Locas (Ed. La Cúpula) no pueden faltar en cualquier biblioteca. La realidad muchas veces supera a la ficción y no hay nada como probar unos buenos bocados de realidad para hacer más placentera nuestra existencia.
1. La primera edición de esta obra en España fue a través de la editorial La Factoría de Ideas en una edición que recibió míltiples crríticas. En la actualidad es posible encontrar la cuidada edición de la editorial Sins Entido, aunque con un ligero cambio de título: La vida es buena si no te rindes.
Un repaso a esta tendencia actual nos introduce en este peculiar modo de entender la historieta dentro de nuestras fronteras.
La realidad supera a la ficción en más de una ocasión, sólo hay que echar un vistazo a los periódicos o enchufarte al telediario para confirmar esta afirmación. Curiosamente los vaivenes de la humanidad y el sentido de nuestra existencia se han convertido en una rica fuente de inspiración para jóvenes creadores absorbidos por el cómic. No es nada nuevo bajo el sol, pero es indudable que este tipo de tebeos ha experimentado un fenómeno de expansión, o más bien una espectacular moda, que también ha calado hondo en las mentes de dibujantes que despuntan entre la avalancha de propuestas independientes que brotan en nuestro mercado. Nos referimos a autores como Sergio Córdoba, Miguel B. Núñez, Calo, David López, Joan Marín...
Del otro lado del Atlántico, siempre marcando pautas, nos llega un vocablo que define este modo de entender la historieta: slice of life. Fragmentos de vida trasladados al campo de las viñetas con la intención de abrir en canal el comportamiento humano y poner sobre la mesa nuestros sentimientos. Son muchas las obras que pueden pertenecer a este movimiento tan cercano al lector. Centrándonos en los últimos valores autóctonos que nos trae esta tendencia en alza, abrimos brecha con una editorial, la casa asturiana Dude Comics, conocida principalmente por la publicación de las series Bone y Strangers in Paradise.
Dude apuesta modestamente por jóvenes valores con todas las consecuencias y, acorde a esta filosofía, su escudería ha impulsado una nueva línea de cómics, La huella futura, cuyo objetivo es dar cobijo a propuestas de jóvenes autores. Según comenta su coordinador en la introducción de la primera entrega, "no es una colección creada para ganar dinero, sino para transitar otros caminos, buscar a un posible lector al que nuestras colecciones mensuales no lleguen a ofrecerle lo que ellos buscan, trabajar con autores jóvenes, con futuro y, en definitiva, buscar la senda correcta para encontrar el equilibrio entre la necesaria producción más o menos comercial y el ofrecer la posibilidad de contar otras cosas, quizás más íntimas, o más personales". Entre otros, han visto la luz algunos tebeos firmados por creadores debutantes o reconocidos valores emergentes. Quim Bou, David López y Joan Marín son los responsables de Haciendo café, Amarillo enamorado y Martín respectivamente, títulos ya disponibles en los quioscos. Javi Rodríguez, Rubén y Sergio Córdoba completarán el grupo de elegidos.
Mencionar a Sergio Córdoba nos permite rescatar una propuesta indispensable a la hora de entender de qué estamos hablando: Freaks in Love (Subterfuge Comix). Este trabajo catapultó a la fama a su autor y supuso la irrupción definitiva del slice of life made in Spain. Las páginas de este conocido título cuentan las vicisitudes de una pandilla de adolescentes en celo. "Un cómic sensible, cotidiano, sin artificios, para todos los públicos", tal y como su máximo responsable lo define. Unas palabras que pueden servirnos igualmente a la hora de catalogar Angela y Clara: las chicas con los chicos (Under Cómic), un trabajo fresco en su planteamiento que describe las peripecias de dos chicas en plena explosión hormonal con ganas de encontrar respuestas en la vida. Calo, su creador, goza actualmente de una inmejorable proyección.
También cabe destacar la trayectoria del prolífico Miguel B. Núñez, un dibujante incansable que ha parido en apenas un año varias obras reseñables. Entre ellas podemos encontrar Demonios internos (D2ble D2sis) e Interferencias (Subterfuge Comix), dos hábiles muestras de disección de la realidad con relatos más ácidos y tremendistas que los antes mencionados. La visión de la vida de este sugestivo autor se aleja de la media, decantándose por un pesimismo enfermizo convertido en etiqueta personal.
En definitiva, no es necesario cruzar fronteras para encontrar buenos dibujantes de historietas. Aquí también los hay a patadas y nunca hemos tenido una oferta tan variada y de calidad en las estanterías de las librerías. La difícil tarea de abrirse a nuevos lectores empieza a no ser una causa imposible gracias a propuestas ligadas al tema estrella que nos ocupa: el costumbrismo. En el presente artículo no están todos los que son, aunque sí son todos los que están. La lista es más grande y va aumentando. No hay nada como probar unos buenos bocados de realidad para hacer más placentera nuestra existencia.
En los últimos años han aparecido muchos autores nacionales que se han decantado, con gran éxito de crítica, por esta corriente de hacer cómics: Fermín Solís, Lorenzo Gómez o Juan Berrio, son sólo algunos de los nombres a añadir aparte de los ya mencionados en el texto.
Borja Crespo