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Las bibliotecas en iberomérica

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La Biblioteca Pública - Visión general Inicio

La Biblioteca Pública ha crecido como institución social a la luz de los fenómenos constitutivos del mundo moderno. En este sentido, la Biblioteca es un testimonio de la historia y su evolución es el reflejo tanto del conjunto de valores de la sociedad moderna, como de los cambios en su acontecer histórico, político, económico, social y cultural.

La consolidación de los derechos sociales en el siglo XX, trajo consigo la exigencia de plena integración ciudadana de las personas a la sociedad. La Biblioteca Pública respondió con el desarrollo de servicios especiales dirigidos a aminorar los desajustes propios de este proceso y en específico los ocasionados por las guerras mundiales. Es en este contexto en el que surgen los Servicios de Información a la Comunidad.

El Manifiesto de la UNESCO para las Bibliotecas Públicas (1994), considera las bibliotecas como centros de información, de libre acceso para todo el mundo, sin ninguna clase de restricciones por razones de sexo, raza, religión, nacionalidad, excluyendo todo tipo de censura. Declara como misión de esta institución el fomento de la lectura, en todas las edades, el fomento de actividades culturales e imaginativas, además de ofrecer los servicios de información a los gremios o grupos que los soliciten, asegurando el acceso de los ciudadanos a toda clase de información comunitaria. Subraya el carácter gratuito de la biblioteca y propende por una legislación adecuada que ampare sus propósitos; en fin, busca la creación de un sistema o red de bibliotecas públicas, apela al espíritu de cooperación entre socios y grupos de usuarios y enfatiza en la necesidad de brindar las comodidades locativas y los instrumentos técnicos y tecnológicos necesarios para facilitar los diversos servicios bibliotecarios. Exhorta, por último, a las autoridades nacionales y locales y a los sistemas bibliotecarios del mundo, a “ejecutar los principios expresados en este Manifiesto”.

América Latina es hoy un continente que, a diferencia de otros continentes como Europa o Africa, vive una cierta cohesión cultural y social, establecida por la ocurrencia de períodos históricos comunes, y por la mayor difusión de dos idiomas hermanos, casi gemelos: el español y el portugués.

América Latina, no obstante, es una nación de naciones: un continente pluricultural, plurinacional y plurilingüístico. Una región en la que se estima, que el 85% de su población estará, para la primera década del siglo XXI, habitando las megaciudades: Sao Paulo, Ciudad de México, Buenos Aires...

Un continente que sigue viviendo el éxodo campesino a las ciudades, con poca inversión en educación, con desempleo y pobreza creciente, ocasionada por el fracaso de los nuevos modelos económicos y la inequitativa distribución de la riqueza. Un continente donde más del 50% de la población es considerada pobre, profundamente marcada por violencias de todo tipo, que no ha logrado establecer las condiciones para una vida pacífica.

Pero es el destino de América Latina reconocerse en su propia condición y plantear salidas en las que las instituciones socioculturales están comprometidas en la transformación de las condiciones existentes. He aquí un momento definitorio, una oportunidad para las bibliotecas.

El desarrollo bibliotecario latinoamericano siguió el modelo de los países colonizadores. Por ello es que sistemas bibliotecarios públicos como los de las islas del Caribe de habla inglesa u holandesa, denotan una organización de servicios heredada de la cultura anglosajona que, a pesar de reflejar las condiciones socioeconómicas de la región, tienden a ser más estructurados que los de los países de habla hispana.

A pesar de esa cierta unidad cultural de la que América Latina goza, y que ya se ha mencionado, debe aceptarse que las circunstancias de los países de la región varían enormemente, no solo entre sí, sino también dentro de ellos mismos. En este sentido, puede afirmarse que no hay un único modelo de biblioteca pública para la región, lo que no impide que sea pensada desde una perspectiva latinoamericana.

Precisamente, uno de las más importantes iniciativas de análisis de la biblioteca pública desde una perspectiva de región, fue la Reunión sobre el Estado Actual y Estrategias de Desarrollo de la Biblioteca Pública en América Latina y El Caribe, realizada en 1982 con el auspicio de la UNESCO y con la colaboración del CERLALC (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe), la IFLA y el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional, de Venezuela. Allí nació la "Declaración de Caracas", el más importante documento de trabajo para las Bibliotecas de la Región, ya que establece un sentido general de dirección y orientación para estas instituciones.
A partir de la promulgación de la Declaración, propuestas como los servicios de información a la comunidad, la promoción y animación a la lectura, los servicios para grupos especiales, la creación de un organismo de coordinación de bibliotecas públicas como ABIPALC (Asociación de Bibliotecas Públicas de América Latina y El Caribe) y la conciencia del papel de la biblioteca como propulsora de la participación de los ciudadanos en la vida democrática, empezaron a ser tenidos en cuenta.

Los puntos de la Declaración se han invocado e incluidos en algunos de los estatutos y reglamentaciones de las bibliotecas y de los sistemas bibliotecarios de la Región.

Desde este panorama, es propicio intentar el reconocimiento de algunas situaciones comunes a las bibliotecas públicas en América Latina:

Predilección por lo urbano en la biblioteca pública

América Latina es un continente que, como ya se ha dicho, vive un tremendo desplazamiento de su población campesina a las ciudades. No es extraño entonces, que la biblioteca en general se haya asociado principalmente al desarrollo urbano.
Un ejemplo del fenómeno bibliotecario urbano en América Latina son las bibliotecas populares, bibliotecas que nacen como iniciativas de la sociedad civil ante la incapacidad del estado de ofrecer servicios bibliotecarios. Las bibliotecas populares son bibliotecas de organizaciones no gubernamentales o comunidades organizadas: grupos de vecinos, grupos juveniles, etc. El mejor ejemplo lo constituyen las bibliotecas populares de la Argentina , que fueron reglamentadas desde el año 1870 y el movimiento bibliotecario popular urbano en Colombia, principalmente el de Medellín, Bogotá y Cali.

Bibliotecas Rurales: un mundo que también cuenta

En general, en América Latina se dispone de precarios recursos, tanto en lo humano como en lo técnico, para desarrollar las bibliotecas públicas. Es notoria la escasez de libros y de otros materiales de lectura, lo que impide que la mayoría de los países puedan, aun en un mediano plazo, llegar a tener siquiera un libro por habitante. Si la situación es difícil en las áreas urbanas, lo es mucho más en las zonas rurales.
No obstante, en América Latina se han desarrollado importantes experiencias de servicios bibliotecarios rurales. Pueden resaltarse entre ellas el programa de Bibliotecas Rurales del Departamento de Cajamarca, en el Perú; el trabajo que hacía el Centro Portales, en el departamento de Cochabamba en Bolivia; y el programa bibliotecario rural del Estado del Amazonas en Venezuela. Debe resaltarse, por otra parte, la proyección rural de las bibliotecas públicas en Cuba, que no se han limitado a los centros urbanos sino que alcanzan comunidades alejadas como son los poblados en zonas montañosas, centrales azucareras, campamentos y granjas agrícolas. También deben mencionarse las iniciativas de extensión bibliotecaria rural en Nicaragua, Colombia y Venezuela a través de colecciones y servicios bibliotecarios móviles : bibliojeeps, bibliochalupas, cajas viajeras, etc.

Los sistemas Bibliotecarios Públicos

En los últimos años se ha dado en América Latina una tendencia a integrar los servicios bibliotecarios públicos en redes o sistemas. Entre los sistemas nacionales de bibliotecas públicas en América Latina, cabe destacar el de Venezuela, creado en la década de los setenta y que cuenta hoy con bibliotecas centrales en cada Estado y sus municipalidades. El de México, que fue establecido como programa en 1983; México es el único país en América Latina que de manera deliberada ha orientado su biblioteca pública al apoyo de la educación formal, con énfasis en la educación secundaria. Y el de Colombia, que cuenta además de la participación del Estado con una amplia intervención del sector privado.

La financiación de las bibliotecas públicas

América Latina es un continente donde la inversión social suele estar relegada por otro tipo de inversiones, siendo el caso más dramático el de Colombia, donde se invierte mucho más dinero en la guerra que en la educación y la cultura.
Ante la frecuente ausencia del Estado, algunas bibliotecas y sistemas bibliotecarios públicos en América Latina, son creados y sostenidos por la empresa privada o por organizaciones no gubernamentales. Este es el caso de las bibliotecas populares en Argentina, de las bibliotecas y servicios bibliotecarios de la Fundación Patiño en Bolivia, y de las bibliotecas de Cajas de Compensación y las bibliotecas populares en Colombia.

Las dificultades de la dependencia jerárquica

No pocos sistemas bibliotecarios públicos en América Latina dependen de la Biblioteca Nacional. Ejemplo de ello son los sistemas de Venezuela, Cuba, Brasil y Colombia. Las circunstancias particulares de los países han hecho que, en algunos casos, esta dependencia sea exitosa, en otros no.

El problema de la legislación

No todos los países cuentan con una legislación que respalde las bibliotecas públicas. En algunos casos, cuando existe, no hay el suficiente liderazgo, ni visión y mucho menos voluntad política o capacidad del recurso humano para hacerla cumplir.
Podemos clasificar los países en tres grupos, de acuerdo con la situación jurídica de sus servicios bibliotecarios:

La Escolarización de la biblioteca pública

En América Latina se presenta la preocupante escolarización de la biblioteca pública. Este es un fenómeno que debe entenderse como la absorción de la biblioteca pública y sus servicios por el sistema educativo. El usuario habitual de la biblioteca pública en el medio latinoamericano acude, en la inmensa mayoría de las veces, con el propósito fundamental de resolver consultas relacionadas con la educación formal. Más del 80% de los usuarios de la biblioteca pública son escolares que han construido las nociones de lectura, escritura y estudio como prácticas pertenecientes a la escuela, lo que hace que sus demandas de información sean esencialmente académicas, y que utilicen la biblioteca pública como lugar para hacer las tareas escolares. Lo más triste es que, una vez terminada la vida académica, la biblioteca no posee más atractivo para ellos.

El bibliotecario público

En América Latina no hay todos los profesionales en bibliotecología que se requieren. La mayoría de ellos se ubican en las bibliotecas universitarias, centros de documentación y bibliotecas especializadas, unidades de información que se encuentran, comúnmente, en las grandes ciudades donde hay mejores salarios y mayores posibilidades de formación.

En América Latina urge una Biblioteca Pública que dimensione su tarea social, en virtud de sus compromisos con la ciudadanía plena y en la perspectiva de su papel de institución social. La misión de una nueva biblioteca pública en América Latina y el Caribe parece definirse en una triple estrategia:

En ello, habrá dos tareas fundamentales para la Biblioteca Pública en la Región: contribuir a la formación de una sociedad lectora; y garantizar el libre acceso a la información generada a nivel local, regional, nacional e internacional. Esto, supone trabajar en la creación y fortalecimiento de programas de formación de lectores y en la divulgación y promoción del derecho a la información y la validación de ésta como un bien público.

Los servicios de información a la comunidad en las bibliotecas públicas Inicio

Un servicio de información a la comunidad es aquel que ofrece a individuos y grupos, la información, orientación y asistencia necesaria para solucionar problemas de la vida diaria, incorporarse a la dinámica social, y hacer efectiva su participación en la vida democrática. Cumple la función de conectar las necesidades con recursos en la comunidad y de alertar a la comunidad sobre necesidades no satisfechas y carencia de recursos

En América Latina se habla de los Servicios de Información a la Comunidad desde la década de los años setenta (1976), teniendo como telón de fondo la reaparición de derechos políticos y sociales que habían estado suspendidos durante el período de las dictaduras. Resulta interesante ver el discurso de la Biblioteca sobre los Servicios, desde la perspectiva de los principales documentos producidos en la Región:

En específico, debe registrarse algunos hechos importantes en el desarrollo de los servicios de información a la comunidad en América Latina, se referencian en este documento el Servicio de Venezuela y el de Colombia:

Servicios Bibliotecarios móviles Inicio

Los servicios móviles han demostrado que son de gran valor en las actividades de promoción de la lectura, el acceso a la información por parte de comunidades marginales tanto de la ciudad como en el campo, apoyo a los procesos de educación, el desarrollo de la vida ciudadana, la actividad productiva, la recreación y el buen uso del tiempo libre. Veamos algunos ejemplos:

Bibliotecas Universitarias en Perú Inicio

En el sistema universitario peruano coexisten diferentes tipos de bibliotecas: las centrales y las especializadas. En total se contabilizan alrededor de 300 bibliotecas, de las cuales, el 90% son especializadas. Sin embargo, cada universidad suele tener al menos una Biblioteca Central, que en su mayoría, son las mejor implementadas y cuentan con una mejor infraestructura. En la mayoría de las universidades las Bibliotecas Centrales y las especializadas se encuentran desvinculadas una de otras, fenómeno que genera dispersión de recursos y duplicación innecesaria de tareas. Las bibliotecas especializadas, en su mayoría, pertenecen a las Facultades y en menor número a las Escuelas Académicas, Institutos de Investigación y Escuelas de Post grado. Las denominadas Bibliotecas Centrales son las que evidencian mayores avances, principalmente en infraestructura, fondos bibliográficos, equipamiento y, en alguna medida, en automatización.

Los fondos bibliográficos de la mayoría de las bibliotecas no sólo son deficitarios en relación con el número de alumnos matriculados, sino también desactualizados. De acuerdo con los datos acopiados, el promedio, en el mejor de los casos, alcanzaría a seis libros/alumno, muy lejos de los estándares internacionales que establecen de 15 a más libros por alumno. Sin embargo, en los últimos años, las universidades han apelado a los ingresos generados por los exámenes de admisión o a donaciones para mejorar su infraestructura bibliotecaria. Los fondos ascienden, aproximadamente, a 1'5 millones de volúmenes, cifra que resulta de la suma de los fondos reportados por las Bibliotecas Centrales y los fondos estimados de las bibliotecas especializadas. En cuanto a revistas, se ha contabilizado 59.489 títulos. En este caso los reportes no son del todo confiables, pues esa apreciable cifra hace suponer que, más de un informante ha incurrido en confusión entre número de títulos y número de fascículos. Rresulta meritorio que algunas universidades, como San Marcos, Agraria de La Molina, hayan adquirido revistas en formato electrónico o Bases de Datos de publicaciones de texto completo, con los cuales vienen organizando sus proyectos de bibliotecas virtuales, que figuran incluso en las sitios web de las universidades. Respecto a las Tesis de Grado e informes profesionales, se han reportado la existencia de 85.693 títulos ( en 17 bibliotecas centrales). Varias bibliotecas centrales han informado sobre fondos antiguos, sin precisar cifras.

La falta de recursos impide que las bibliotecas universitarias cuente con programas o softwars potentes e integrados que les permita no sólo mejorar su eficiencia interna sino también interconectarse a otras redes de bibliotecas del país y del mundo, mediante el uso de las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Dieciocho universidades manifiestan tener automatizada en alguna medida sus bibliotecas, en especial sus bibliotecas centrales. El software o programa de mayor uso es ISIS (12 universidades), en sus versiones de MicroIsis y WinIsis. Asismismo, cinco universidades han creado programas propios (SADI, NINIVE); y una sola universidad cuenta con un software comercial (SABINI - Biblioteca Central de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos). En lo que respecta a hojas o formatos de entrada, cuatro universidades utilizan el formato MARC, nueve el formato CEPAL y otras cuatro universidades utilizan formatos creados internamente. La mayoría de las bibliotecas universitarias, tanto centrales como especializadas, utilizan el Sistema de Clasificación Decimal Dewey para la clasificación de sus fondos, salvo la Bibliotecas Centrales de la Universidad Agraria y la de San Marcos y otras especializadas de esta última, que utilizan el Sistema LC, de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

Se ha reportado la existencia de un total de 328 PCs en las Bibliotecas de 24 universidades del país, mayormente en las bibliotecas centrales. De ese número, 16 son o hacen las funciones de servidor, 91 se utilizan para procesamiento técnico y 221 para el OPAC o catálogo público. De esta última cifra, 106 (48 %) corresponden a los servicios de OPAC e Internet de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es notorio el déficit de equipos en las bibliotecas universitarias del país, pues el número de PC's está distante a los estándares internacionales.

Las bibliotecas universitarias en general adolecen de la falta de personal profesional en Bibliotecología. El personal que trabaja en las bibliotecas universitarias del país suma, aproximadamente, 1.100 trabajadores. De este número, sólo 31 (2.79 %) son bibliotecarios profesionales; 83 (7.47 %) profesionales en otros campos; y 747 (67.2 %) entre técnicos y auxiliares. En la mayoría de las bibliotecas, especialmente en las bibliotecas centrales, existe el sistema de apoyo remunerado de los estudiantes ( bolsista o becario), sobre todo en el área de servicios bibliotecarios, mecanismo que sirve para atenuar el déficit de personal.

En la totalidad de universidades, el sistema de atención vigente es el de estantería cerrada y los servicios que presta la mayoría de las bibliotecas son básicamente lectura y préstamo. En algunas bibliotecas centrales, se ha habilitado el servicio de Internet como parte integrante de programa de servicios, como en San Marcos y la Agraria de La Molina . Del mismo modo, la consulta de discos compactos y de videos forman parte del programa de algunas Bibliotecas Centrales. En la mayoría de las universidades no hay conciencia sobre la importancia del servicio de referencia que, áun no existe, o, como en el caso de San Marcos, este servicio se restringe a una pequeña sala de diccionarios y enciclopedias.

Por otro lado, se percibe en un buen número de bibliotecas el interés por ampliar el horario de atención al público. La mayoría de las bibliotecas abren de lunes a sábado. Aún cuando la información estadística de las bibliotecas no está normalizada, algunas cifras revelan de alguna manera el flujo de lectores en las bibliotecas universitarias. La universidad de Puno que cuenta con 14 224 estudiantes y 911 profesores, informa sobre 198.000 transacciones al año; la universidad de Huánuco, que cuenta con más de 7.212 alumnos y 363 profesores, atendió 163.178 consultas y 25.868 préstamos en los últimos siete meses del año 2001; y la universidad de Educación Enrique Guzmán y Valle de Lima, con 5.372 estudiantes y 370 profesores, en el último año atendió a 136.927 consultas.

En general, cada biblioteca, vela por el desarrollo de sus colecciones, de su adquisición y procesamiento técnico, utilizando normas y herramientas disímiles, lo cual impide el intercambio de información y, en general, la puesta en práctica de cualquier actividad cooperativa en procesos y servicios bibliotecarios. Da la impresión de que el proceso de desarrollo de las bibliotecas no estuviese basado en planes y estándares nacionales o internacionales.

En la mayoría de las bibliotecas se percibe un desaprovechamiento de los recursos existentes, incluyendo los espacios físicos de las Bibliotecas Centrales y, lo que es evidente, un limitado uso de las nuevas tecnologías de la información. En los últimos años ha habido un trabajo encomiable de la comunidad universitaria que ha permitido mejorar ostensiblemente los locales de las bibliotecas centrales, como ha ocurrido con las Bibliotecas Centrales de San Marcos, Huánuco, Huancavelica, Huancayo, entre otras.

Aún son pocas las bibliotecas que cuentan con catálogo en línea y aún menos, las que tienen sus catálogos en INTERNET. Se ha comprobado que en muchas páginas Web de universidades, el ícono biblioteca o incluso biblioteca virtual contiene información general sobre la biblioteca central, pero no su catálogo.

Como conclusión, podemos afirmar que la universidad peruana presenta una deficiente infraestructura bibliotecaria, la cual incide negativamente en el cumplimiento de sus tres grandes fines: desarrollo académico, la investigación y la proyección a la comunidad.

Referencias:

Resource Description Framework (RDF)

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