La Biblioteca Pública ha crecido como institución social a la luz de los fenómenos constitutivos del mundo moderno. En este sentido, la Biblioteca es un testimonio de la historia y su evolución es el reflejo tanto del conjunto de valores de la sociedad moderna, como de los cambios en su acontecer histórico, político, económico, social y cultural.
La consolidación de los derechos sociales en el siglo XX, trajo consigo la exigencia de plena integración ciudadana de las personas a la sociedad. La Biblioteca Pública respondió con el desarrollo de servicios especiales dirigidos a aminorar los desajustes propios de este proceso y en específico los ocasionados por las guerras mundiales. Es en este contexto en el que surgen los Servicios de Información a la Comunidad.
El Manifiesto de la UNESCO para las Bibliotecas Públicas (1994), considera las bibliotecas como centros de información, de libre acceso para todo el mundo, sin ninguna clase de restricciones por razones de sexo, raza, religión, nacionalidad, excluyendo todo tipo de censura. Declara como misión de esta institución el fomento de la lectura, en todas las edades, el fomento de actividades culturales e imaginativas, además de ofrecer los servicios de información a los gremios o grupos que los soliciten, asegurando el acceso de los ciudadanos a toda clase de información comunitaria. Subraya el carácter gratuito de la biblioteca y propende por una legislación adecuada que ampare sus propósitos; en fin, busca la creación de un sistema o red de bibliotecas públicas, apela al espíritu de cooperación entre socios y grupos de usuarios y enfatiza en la necesidad de brindar las comodidades locativas y los instrumentos técnicos y tecnológicos necesarios para facilitar los diversos servicios bibliotecarios. Exhorta, por último, a las autoridades nacionales y locales y a los sistemas bibliotecarios del mundo, a “ejecutar los principios expresados en este Manifiesto”.
América Latina es hoy un continente que, a diferencia de otros continentes como Europa o Africa, vive una cierta cohesión cultural y social, establecida por la ocurrencia de períodos históricos comunes, y por la mayor difusión de dos idiomas hermanos, casi gemelos: el español y el portugués.
América Latina, no obstante, es una nación de naciones: un continente pluricultural, plurinacional y plurilingüístico. Una región en la que se estima, que el 85% de su población estará, para la primera década del siglo XXI, habitando las megaciudades: Sao Paulo, Ciudad de México, Buenos Aires...
Un continente que sigue viviendo el éxodo campesino a las ciudades, con poca inversión en educación, con desempleo y pobreza creciente, ocasionada por el fracaso de los nuevos modelos económicos y la inequitativa distribución de la riqueza. Un continente donde más del 50% de la población es considerada pobre, profundamente marcada por violencias de todo tipo, que no ha logrado establecer las condiciones para una vida pacífica.
Pero es el destino de América Latina reconocerse en su propia condición y plantear salidas en las que las instituciones socioculturales están comprometidas en la transformación de las condiciones existentes. He aquí un momento definitorio, una oportunidad para las bibliotecas.
El desarrollo bibliotecario latinoamericano siguió el modelo de los países colonizadores. Por ello es que sistemas bibliotecarios públicos como los de las islas del Caribe de habla inglesa u holandesa, denotan una organización de servicios heredada de la cultura anglosajona que, a pesar de reflejar las condiciones socioeconómicas de la región, tienden a ser más estructurados que los de los países de habla hispana.
A pesar de esa cierta unidad cultural de la que América Latina goza, y que ya se ha mencionado, debe aceptarse que las circunstancias de los países de la región varían enormemente, no solo entre sí, sino también dentro de ellos mismos. En este sentido, puede afirmarse que no hay un único modelo de biblioteca pública para la región, lo que no impide que sea pensada desde una perspectiva latinoamericana.
Precisamente, uno de las más importantes
iniciativas de análisis de la biblioteca
pública desde una perspectiva de región,
fue la Reunión sobre el Estado Actual y
Estrategias de Desarrollo de la Biblioteca
Pública en América Latina y El Caribe,
realizada en 1982 con el auspicio de la UNESCO y con la
colaboración del CERLALC (Centro Regional para
el Fomento del Libro en América Latina y el
Caribe), la IFLA y el Instituto Autónomo
Biblioteca Nacional, de Venezuela. Allí
nació la "Declaración de
Caracas", el más importante
documento de trabajo para las Bibliotecas de la
Región, ya que establece un sentido general de
dirección y orientación para estas
instituciones.
A partir de la promulgación de la
Declaración, propuestas como los servicios de
información a la comunidad, la promoción
y animación a la lectura, los servicios para
grupos especiales, la creación de un organismo
de coordinación de bibliotecas públicas
como ABIPALC (Asociación de Bibliotecas
Públicas de América Latina y El Caribe) y
la conciencia del papel de la biblioteca como
propulsora de la participación de los ciudadanos
en la vida democrática, empezaron a ser tenidos
en cuenta.
Los puntos de la Declaración se han invocado e incluidos en algunos de los estatutos y reglamentaciones de las bibliotecas y de los sistemas bibliotecarios de la Región.
Desde este panorama, es propicio intentar el reconocimiento de algunas situaciones comunes a las bibliotecas públicas en América Latina:
América Latina es un continente que, como ya se
ha dicho, vive un tremendo desplazamiento de su
población campesina a las ciudades. No es
extraño entonces, que la biblioteca en general
se haya asociado principalmente al desarrollo
urbano.
Un ejemplo del fenómeno bibliotecario urbano en
América Latina son las bibliotecas
populares, bibliotecas que nacen como iniciativas
de la sociedad civil ante la incapacidad del estado de
ofrecer servicios bibliotecarios. Las bibliotecas
populares son bibliotecas de organizaciones no
gubernamentales o comunidades organizadas: grupos de
vecinos, grupos juveniles, etc. El mejor ejemplo lo
constituyen las
bibliotecas populares de la Argentina , que fueron
reglamentadas desde el año 1870 y el movimiento
bibliotecario popular urbano en Colombia,
principalmente el de Medellín, Bogotá y
Cali.
En general, en América Latina se dispone de
precarios recursos, tanto en lo humano como en lo
técnico, para desarrollar las bibliotecas
públicas. Es notoria la escasez de libros y de
otros materiales de lectura, lo que impide que la
mayoría de los países puedan, aun en un
mediano plazo, llegar a tener siquiera un libro por
habitante. Si la situación es difícil en
las áreas urbanas, lo es mucho más en las
zonas rurales.
No obstante, en América Latina se han
desarrollado importantes experiencias de servicios
bibliotecarios rurales. Pueden resaltarse entre ellas
el programa de Bibliotecas Rurales del Departamento de
Cajamarca, en el Perú; el trabajo que
hacía el Centro Portales, en el departamento de
Cochabamba en Bolivia; y el programa bibliotecario
rural del Estado del Amazonas en Venezuela. Debe
resaltarse, por otra parte, la proyección rural
de las bibliotecas públicas en Cuba, que no se
han limitado a los centros urbanos sino que alcanzan
comunidades alejadas como son los poblados en zonas
montañosas, centrales azucareras, campamentos y
granjas agrícolas. También deben
mencionarse las iniciativas de extensión
bibliotecaria rural en Nicaragua, Colombia y Venezuela
a través de colecciones y servicios
bibliotecarios móviles : bibliojeeps,
bibliochalupas, cajas viajeras, etc.
En los últimos años se ha dado en América Latina una tendencia a integrar los servicios bibliotecarios públicos en redes o sistemas. Entre los sistemas nacionales de bibliotecas públicas en América Latina, cabe destacar el de Venezuela, creado en la década de los setenta y que cuenta hoy con bibliotecas centrales en cada Estado y sus municipalidades. El de México, que fue establecido como programa en 1983; México es el único país en América Latina que de manera deliberada ha orientado su biblioteca pública al apoyo de la educación formal, con énfasis en la educación secundaria. Y el de Colombia, que cuenta además de la participación del Estado con una amplia intervención del sector privado.
América Latina es un continente donde la
inversión social suele estar relegada por otro
tipo de inversiones, siendo el caso más
dramático el de Colombia, donde se invierte
mucho más dinero en la guerra que en la
educación y la cultura.
Ante la frecuente ausencia del Estado, algunas
bibliotecas y sistemas bibliotecarios públicos
en América Latina, son creados y sostenidos por
la empresa privada o por organizaciones no
gubernamentales. Este es el caso de las bibliotecas
populares en Argentina, de las bibliotecas y servicios
bibliotecarios de la Fundación Patiño en
Bolivia, y de las bibliotecas de Cajas de
Compensación y las bibliotecas populares en
Colombia.
No pocos sistemas bibliotecarios públicos en América Latina dependen de la Biblioteca Nacional. Ejemplo de ello son los sistemas de Venezuela, Cuba, Brasil y Colombia. Las circunstancias particulares de los países han hecho que, en algunos casos, esta dependencia sea exitosa, en otros no.
No todos los países cuentan con una
legislación que respalde las bibliotecas
públicas. En algunos casos, cuando existe, no
hay el suficiente liderazgo, ni visión y mucho
menos voluntad política o capacidad del recurso
humano para hacerla cumplir.
Podemos clasificar los países en tres grupos, de
acuerdo con la situación jurídica de sus
servicios bibliotecarios:
En América Latina se presenta la preocupante escolarización de la biblioteca pública. Este es un fenómeno que debe entenderse como la absorción de la biblioteca pública y sus servicios por el sistema educativo. El usuario habitual de la biblioteca pública en el medio latinoamericano acude, en la inmensa mayoría de las veces, con el propósito fundamental de resolver consultas relacionadas con la educación formal. Más del 80% de los usuarios de la biblioteca pública son escolares que han construido las nociones de lectura, escritura y estudio como prácticas pertenecientes a la escuela, lo que hace que sus demandas de información sean esencialmente académicas, y que utilicen la biblioteca pública como lugar para hacer las tareas escolares. Lo más triste es que, una vez terminada la vida académica, la biblioteca no posee más atractivo para ellos.
En América Latina no hay todos los profesionales
en bibliotecología que se requieren. La
mayoría de ellos se ubican en las bibliotecas
universitarias, centros de documentación y
bibliotecas especializadas, unidades de
información que se encuentran,
comúnmente, en las grandes ciudades donde hay
mejores salarios y mayores posibilidades de
formación.
En América Latina urge una Biblioteca Pública que dimensione su tarea social, en virtud de sus compromisos con la ciudadanía plena y en la perspectiva de su papel de institución social. La misión de una nueva biblioteca pública en América Latina y el Caribe parece definirse en una triple estrategia:
En ello, habrá dos tareas fundamentales para la Biblioteca Pública en la Región: contribuir a la formación de una sociedad lectora; y garantizar el libre acceso a la información generada a nivel local, regional, nacional e internacional. Esto, supone trabajar en la creación y fortalecimiento de programas de formación de lectores y en la divulgación y promoción del derecho a la información y la validación de ésta como un bien público.
Un servicio de información a la comunidad es aquel que ofrece a individuos y grupos, la información, orientación y asistencia necesaria para solucionar problemas de la vida diaria, incorporarse a la dinámica social, y hacer efectiva su participación en la vida democrática. Cumple la función de conectar las necesidades con recursos en la comunidad y de alertar a la comunidad sobre necesidades no satisfechas y carencia de recursos
En América Latina se habla de los Servicios de Información a la Comunidad desde la década de los años setenta (1976), teniendo como telón de fondo la reaparición de derechos políticos y sociales que habían estado suspendidos durante el período de las dictaduras. Resulta interesante ver el discurso de la Biblioteca sobre los Servicios, desde la perspectiva de los principales documentos producidos en la Región:
La Declaración de Caracas de 1982
es una clara muestra del esfuerzo por apoyar y
precisar, desde el reconocimiento de un contexto
regional, el manifiesto de la UNESCO para
Bibliotecas Públicas de 1972, de manera que
esta responda a su proceso histórico, a sus
aspiraciones y a sus esfuerzos de
integración regional.
Uno de sus aportes sustanciales es la
aproximación que hace al perfil del
bibliotecario como gestor de lo público,
conocedor de la legislación, con actitud
política y visión sistemática;
responsable del diseño administrativo que
permita el desarrollo bibliotecario y con criterio
de racionalización y normalización de
los procesos bibliotecarios.
En 1985 en el Seminario Nacional de Bibliotecas Públicas, cuyo lema fue "Hacia una organización de las Bibliotecas Públicas en Colombia" destacó los procesos de integración de la biblioteca a la comunidad, y propuso la "implementación" de Servicios de Información a la Comunidad como dinamizadores del papel de la biblioteca pública e instrumentos, desde la información local, de inserción de los individuos y grupos organizados a la vida comunitaria.
Plantea el acceso a redes e información digitalizada en la que la comunidad desarrolle destrezas en el manejo de tecnologías. Responsabiliza, en consecuencia, al Estado como garante de este derecho e insta a los grupos y organizaciones civiles a que influyan en las políticas sobre telecomunicaciones públicas. En específico, como ámbito para la acción de los Servicios de Información el Manifiesto de Papallacta, plantea frente al problema de la conectividad, que“ Las organizaciones que dan servicio al público están demandando una política regulatoria que reduzca las actuales inequidades para el acceso y uso de los servicios digitales e información. Estas organizaciones incluyen escuelas, universidades, bibliotecas públicas, centros de salud y organizaciones comunitarias, telecentros y grupos sin fines de lucro que trabajan proporcionando acceso a las nuevas tecnologías de la información y comunicación.
En específico, debe registrarse algunos hechos importantes en el desarrollo de los servicios de información a la comunidad en América Latina, se referencian en este documento el Servicio de Venezuela y el de Colombia:
Los servicios móviles han demostrado que son de
gran valor en las actividades de promoción de la
lectura, el acceso a la información por parte de
comunidades marginales tanto de la ciudad como en el
campo, apoyo a los procesos de educación, el
desarrollo de la vida ciudadana, la actividad
productiva, la recreación y el buen uso del
tiempo libre. Veamos algunos ejemplos:
La diversidad geográfica que posee Chile es
recorrida por bibliobuses, bibliolanchas y
triciclos que llevan a las comunidades más
apartadas la posibilidad de acceder al libro y a la
lectura.
El bibliobus viaja en busca de lectores ofreciendo
sus servicios en lugares predeterminados. Son
remarcables los servicios de bibliobus en la zona
de la Patagonia, ya que con ellos se adelantan
programas binacionales entre Chile y Argentina. El
Encuentro Binacional de Bibliomóviles
realizado en la ciudad chilena de Coyhaique fue un
espacio de reflexión que permitió
compartir las experiencias de quienes trabajan en
estas zonas rurales
tanto en Argentina como en Chile promocionando
la lectura sobre ruedas.
El triciclo lleva en una armazón
metálica los canastos con los libros
protegidos por un toldo. Para atraer la
atención de las comunidades visitadas posee
una bocina a través de la cual anuncia su
llegada a los lectores que ya conocen su ruta o de
aquellos que hasta ahora van a su encuentro.
Es inmensa la población que se beneficia con
los servicios móviles en el país ya
que ellos se constituyen para muchos en la
única oferta cultural a la que tienen
acceso.
El Banco del Libro inicia en 1968 el ensayo de los
Servicios Bibliotecarios Móviles a
través de bibliobuses. Con esta primera
experiencia se demostró que el bibliobus era
un excelente medio para motivar a las comunidades
que por razones diversas no utilizaban los
servicios bibliotecarios.
A partir de 1978 el Banco del Libro inicia la
transferencia de la experiencia al Instituto
Autónomo Biblioteca Nacional y de Servicios
de Biblioteca, para su generalización a
escala nacional. En 1979 se adquirieron 21
bibliobuses que fueron distribuidos en programas
cada una de las entidades federales, con
excepción del Distrito Federal, al cual se
le asignaron tres unidades.
El Instituto se responsabilizó de los
procesos de selección, adquisición,
procesamaiento técnico y distribución
de los materiales bibliográficos para cada
una de las unidades, así como la
formación y contratación del personal
que prestaría el servicio. Los servicios
bibliotecarios móviles del Sistema Nacional
de Bibliotecas Públicas de Venezuela estan
representados por:
Bibliobus: Posee un servicio para niños, presta atención a los adultos, coordina y planifica actividades de extensión y recreación, tiene un servicio audiovisual y ofrece préstamo a domicilio. En cada visita que realiza la unidad a una determinada comunidad, los usuarios pueden escoger los libros que deseen previa inscripción en el servicio. Si el libro no se encuentra en el bibliobus, el encargado lo traerá en la próxima visita. También brinda el servicio de cajas viajeras dejando en instituciones, como cárceles, hospitales, ancianatos, albergues de menores, entre otras, una caja con 150 libros que se renueva periódicamente. El bibliobus incentiva en las comunidades diversas actividades como: promoción de elctura, proyección de películas, títeres, círculos de estudio, club de elctores, artes plásticas.
Bibliolancha: Inició sus actividades en 1987 como un servicio de extensión de la Biblioteca Pública del Estado de Amazonas. Con el servicio de cajas viajeras y actividades culturales recorre las márgenes de los rios Orinoco, Sepapo, Cuao, Atabajo, Casiquiare, donde no existen condiciones para crear servicios estables a corto plazo. En cinco años se ha logrado estimular la creación de ocho (8) servicios estables, cuatro ellos ubicados en comunidades indígenas.
Bibliobongo: Creado en 1992, tiene su base en el Puerto de Samariapo o Venado, su radio de acción además de los rios recorridos por la bibliolancha va hasta los rios Manapiare y Rio Negro, localizados a poca distancia de los hitos fronterizos con Brasil y Colombia. La embarcación de 17 metros, atiende las etnias Piaroas, Guahibas, Baniva, Curripaco. El bibliobongo lleva cajas viajeras con colecciones infantiles, libros de manualidades, libros de cocina, cultivos, caza y pesca entre otros temas.
Bibliofalca: Fue creada en 1997 siguiendo la tradición de este tipo de embarcación que es usada para transporte de carga y pasajeros por el rio Orinoco. Está ubicada en el Estado Amazonas con base en el Puerto de Venado y una sub-estación en San fernando de Atabapo. Sus recorridos son los ejes fluviales Orinoco-Ventuari, Orinoco-Guaviare y Orinoco-Rio Negro. La población que recibe el servicio son indígenas dispersos en el Estado Amazonas. La bibliofalca lleva cajas viajeras y medios audiovisuales. Su capacidad de navegación es por periódos más largos que el bibliobongo y la bibliolancha. Su colección es de 800 volúmenes y equipos audiovisuales para realizar actividades culturales.
Cajas viajeras: Este servicio se presta en todas las bibliotecas del país y ha hecho posible que más de 1'230.421 usuarios se beneficien con el programa con una consulta de más de 4'937.384 obras.
Hace 20 años La Coordinación Nacional
de Bibliotecas Públicas de Colcultura, hoy
Grupo de Bibliotecas Públicas de la
Biblioteca Nacional (Ministerio de Cultura), inicio
el desarrollo del programa de bibliotecas
móviles con el fin de lograr que las
poblaciones de las diferentes regiones colombianas,
pudieran acercarse al libro y a la lectura, sin
importar cuan alejadas se encontraran de los
centros urbanos. Bibliobuses, bibliojeeps, cajas y
maletines viajeros han sido las modalidades
utilizadas para que niños, jóvenes y
adultos descubran el valor de la lectura y la
integren a su cotidianidad bien sea para disfrutar
el paso de las horas o para encontrar soluciones a
sus inquietudes y problemas.
El programa de bibliotecas móviles tuvo una
fase experimental con servicios demostrativos, cuya
finalidad era demostrar en forma práctica,
la utilidad del programa. Para esta etapa,
COLCULTURA solicitó a la UNESCO, en
donación, como parte del Proyecto de
cooperación COL/ 76, un bibliobus con su
dotación y la capacitación del
personal. Como resultado de esta etapa se
encontró que el 90% de la población
desconocía qué era una biblioteca.
Inicialmente para atraer a la población
rural se programaba una parada en la plaza de
mercado el día que los campesinos llevaban
sus productos para venderlos. En 1984, con la
llegada de las 70 unidades móviles, y luego
de 9 meses de experimentación y
sistematización de experiencias, se
inició el programa a nivel nacional, con la
misma metodología de la etapa
demostrativa.
Para implementar los servicios móviles se
parte de un diagnóstico participativo que
busca fortalecer las relaciones con la comunidad y
lograr su participación y
cooperación. Son relevantes las variables:
Población, condiciones
socio-económicas, políticas,
culturales y de organización comunitaria.
Durante este proceso se identifican las personas
que pueden ser líderes así como
también los grupos de apoyo, con
representantes de los diferentes sectores de las
comunidades. La importancia de estos grupos de
apoyo radica en que cada uno de ellos se constituye
en un multiplicador de la biblioteca, o punto de
préstamo y prestación del servicio.
en forma continua, y no limitada al día y
hora de llegada de la biblioteca
móvil.
En 1991 se implementó, una nueva estrategia
de desarrollo de los servicios bibliotecarios para
el sector rural: el Programa de Colecciones
Rurales, a través de los maletines viajeros
que buscan hacer más fácil la
rotación de las colecciones. Se busca
así cubrir las necesidades de
información de la población
campesina, con temas que les ayude a participar en
forma más activa en la formulación de
proyectos de beneficio común.
Esta colección se entrega mediante la firma
de un convenio de cooparticipación con las
Alcaldías, quienes asumen la responsabilidad
de ejecución del programa, la adecuada
rotación de los materiales en las
comunidades rurales, la actualización e
incremento de las colecciones y la
designación del líder campesino y del
bibliotecario para asumir el proyecto y para que
asistan a las actividades de capacitación.
Para que los libros lleguen a las veredas y
directamente a las viviendas de los campesinos, se
utiliza la estrategia de exhibidor portátil,
una modalidad especial de caja viajera. El
bibliotecario y el líder campesino, son los
responsables de la prestación del servicio
de información, extensión a la
comunidad, promoción de los libros y la
lectura en las veredas y corregimientos del
área de influencia de la biblioteca
pública. Hasta el momento se han
implementado dos etapas, beneficiando a 100
municipios ubicados en 17 departamentos.
Los informes elaborados por cada una de las
coordinaciones departamentales de la Red Nacional
de Bibliotecas Públicas muestran claramente
la incidencia de éstos servicios en cada uno
de los departamentos del país que han
implementado el servicio de biblioteca
móvil, en cualquier de sus modalidades.
Bibliobuses, bibliojeeps, cajas y maletines
viajeros han dejado a lo largo y ancho del
país el recuerdo de su paso y han dado como
fruto la creación de múltiples
bibliotecas públicas en los municipios
visitados. Es así como el acceso al libro y
la lectura ha sido posible en veredas,
corregimientos y los lugares más apartados
de los núcleos urbanos y en las áreas
urbanas marginadas. Las comunidades beneficiadas
han encontrado una posibilidad de crecimiento a
través de la lectura y la
participación en el devenir de su
organización social.
En el sistema universitario peruano coexisten diferentes tipos de bibliotecas: las centrales y las especializadas. En total se contabilizan alrededor de 300 bibliotecas, de las cuales, el 90% son especializadas. Sin embargo, cada universidad suele tener al menos una Biblioteca Central, que en su mayoría, son las mejor implementadas y cuentan con una mejor infraestructura. En la mayoría de las universidades las Bibliotecas Centrales y las especializadas se encuentran desvinculadas una de otras, fenómeno que genera dispersión de recursos y duplicación innecesaria de tareas. Las bibliotecas especializadas, en su mayoría, pertenecen a las Facultades y en menor número a las Escuelas Académicas, Institutos de Investigación y Escuelas de Post grado. Las denominadas Bibliotecas Centrales son las que evidencian mayores avances, principalmente en infraestructura, fondos bibliográficos, equipamiento y, en alguna medida, en automatización.
Los fondos bibliográficos de la mayoría de las bibliotecas no sólo son deficitarios en relación con el número de alumnos matriculados, sino también desactualizados. De acuerdo con los datos acopiados, el promedio, en el mejor de los casos, alcanzaría a seis libros/alumno, muy lejos de los estándares internacionales que establecen de 15 a más libros por alumno. Sin embargo, en los últimos años, las universidades han apelado a los ingresos generados por los exámenes de admisión o a donaciones para mejorar su infraestructura bibliotecaria. Los fondos ascienden, aproximadamente, a 1'5 millones de volúmenes, cifra que resulta de la suma de los fondos reportados por las Bibliotecas Centrales y los fondos estimados de las bibliotecas especializadas. En cuanto a revistas, se ha contabilizado 59.489 títulos. En este caso los reportes no son del todo confiables, pues esa apreciable cifra hace suponer que, más de un informante ha incurrido en confusión entre número de títulos y número de fascículos. Rresulta meritorio que algunas universidades, como San Marcos, Agraria de La Molina, hayan adquirido revistas en formato electrónico o Bases de Datos de publicaciones de texto completo, con los cuales vienen organizando sus proyectos de bibliotecas virtuales, que figuran incluso en las sitios web de las universidades. Respecto a las Tesis de Grado e informes profesionales, se han reportado la existencia de 85.693 títulos ( en 17 bibliotecas centrales). Varias bibliotecas centrales han informado sobre fondos antiguos, sin precisar cifras.
La falta de recursos impide que las bibliotecas universitarias cuente con programas o softwars potentes e integrados que les permita no sólo mejorar su eficiencia interna sino también interconectarse a otras redes de bibliotecas del país y del mundo, mediante el uso de las nuevas tecnologías de la información y comunicación. Dieciocho universidades manifiestan tener automatizada en alguna medida sus bibliotecas, en especial sus bibliotecas centrales. El software o programa de mayor uso es ISIS (12 universidades), en sus versiones de MicroIsis y WinIsis. Asismismo, cinco universidades han creado programas propios (SADI, NINIVE); y una sola universidad cuenta con un software comercial (SABINI - Biblioteca Central de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos). En lo que respecta a hojas o formatos de entrada, cuatro universidades utilizan el formato MARC, nueve el formato CEPAL y otras cuatro universidades utilizan formatos creados internamente. La mayoría de las bibliotecas universitarias, tanto centrales como especializadas, utilizan el Sistema de Clasificación Decimal Dewey para la clasificación de sus fondos, salvo la Bibliotecas Centrales de la Universidad Agraria y la de San Marcos y otras especializadas de esta última, que utilizan el Sistema LC, de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.
Se ha reportado la existencia de un total de 328 PCs en las Bibliotecas de 24 universidades del país, mayormente en las bibliotecas centrales. De ese número, 16 son o hacen las funciones de servidor, 91 se utilizan para procesamiento técnico y 221 para el OPAC o catálogo público. De esta última cifra, 106 (48 %) corresponden a los servicios de OPAC e Internet de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Es notorio el déficit de equipos en las bibliotecas universitarias del país, pues el número de PC's está distante a los estándares internacionales.
Las bibliotecas universitarias en general adolecen de la falta de personal profesional en Bibliotecología. El personal que trabaja en las bibliotecas universitarias del país suma, aproximadamente, 1.100 trabajadores. De este número, sólo 31 (2.79 %) son bibliotecarios profesionales; 83 (7.47 %) profesionales en otros campos; y 747 (67.2 %) entre técnicos y auxiliares. En la mayoría de las bibliotecas, especialmente en las bibliotecas centrales, existe el sistema de apoyo remunerado de los estudiantes ( bolsista o becario), sobre todo en el área de servicios bibliotecarios, mecanismo que sirve para atenuar el déficit de personal.
En la totalidad de universidades, el sistema de atención vigente es el de estantería cerrada y los servicios que presta la mayoría de las bibliotecas son básicamente lectura y préstamo. En algunas bibliotecas centrales, se ha habilitado el servicio de Internet como parte integrante de programa de servicios, como en San Marcos y la Agraria de La Molina . Del mismo modo, la consulta de discos compactos y de videos forman parte del programa de algunas Bibliotecas Centrales. En la mayoría de las universidades no hay conciencia sobre la importancia del servicio de referencia que, áun no existe, o, como en el caso de San Marcos, este servicio se restringe a una pequeña sala de diccionarios y enciclopedias.
Por otro lado, se percibe en un buen número de bibliotecas el interés por ampliar el horario de atención al público. La mayoría de las bibliotecas abren de lunes a sábado. Aún cuando la información estadística de las bibliotecas no está normalizada, algunas cifras revelan de alguna manera el flujo de lectores en las bibliotecas universitarias. La universidad de Puno que cuenta con 14 224 estudiantes y 911 profesores, informa sobre 198.000 transacciones al año; la universidad de Huánuco, que cuenta con más de 7.212 alumnos y 363 profesores, atendió 163.178 consultas y 25.868 préstamos en los últimos siete meses del año 2001; y la universidad de Educación Enrique Guzmán y Valle de Lima, con 5.372 estudiantes y 370 profesores, en el último año atendió a 136.927 consultas.
En general, cada biblioteca, vela por el desarrollo de sus colecciones, de su adquisición y procesamiento técnico, utilizando normas y herramientas disímiles, lo cual impide el intercambio de información y, en general, la puesta en práctica de cualquier actividad cooperativa en procesos y servicios bibliotecarios. Da la impresión de que el proceso de desarrollo de las bibliotecas no estuviese basado en planes y estándares nacionales o internacionales.
En la mayoría de las bibliotecas se percibe un desaprovechamiento de los recursos existentes, incluyendo los espacios físicos de las Bibliotecas Centrales y, lo que es evidente, un limitado uso de las nuevas tecnologías de la información. En los últimos años ha habido un trabajo encomiable de la comunidad universitaria que ha permitido mejorar ostensiblemente los locales de las bibliotecas centrales, como ha ocurrido con las Bibliotecas Centrales de San Marcos, Huánuco, Huancavelica, Huancayo, entre otras.
Aún son pocas las bibliotecas que cuentan con catálogo en línea y aún menos, las que tienen sus catálogos en INTERNET. Se ha comprobado que en muchas páginas Web de universidades, el ícono biblioteca o incluso biblioteca virtual contiene información general sobre la biblioteca central, pero no su catálogo.
Como conclusión, podemos afirmar que la universidad peruana presenta una deficiente infraestructura bibliotecaria, la cual incide negativamente en el cumplimiento de sus tres grandes fines: desarrollo académico, la investigación y la proyección a la comunidad.
Pedro Sanz Domingo - psanz@baratz.es