En la anterior edición de Cómics y bibliotecas nos centramos en uno de los puntos a tener en cuenta cuando se cataloga un cómic. Más específicamente, se expuso una propuesta encaminada a la creación de autoridades por cada una de las colecciones a las que pertenece una obra. Tal y como se comentó en su momento, este proceso no supondría una carga excesiva en cuanto a la creación de entradas dentro de nuestras catalogaciones, y sin embargo supondría una ventaja considerable para el usuario en el momento de localizar obras pertenecientes a una u otra colección de cómics.
No es nuestro objetivo plantear una por una todas las características relacionadas con la catalogación de este tipo de obras dentro de nuestros fondos de la biblioteca, entre otras cosas porque no es un material con características tan específicas como para diseñar un modelo de catalogación determinado. Sin embargo, y enlazando con la primera parte de este informe, trataremos a continuación algunos puntos que podrían ser de utilidad tener en cuenta para una correcta identificación y localización de obras e intentar mejorar con ello la calidad de su catalogación, con las repercusiones positivas que esto conllevaría para los usuarios. Para ello, veremos algunos ejemplos de cómo se catalogan dentro de algunos catálogos disponibles en Internet y a continuación realizaremos algunas propuestas, tomando como ejemplo el cómic que ya utilizamos con anterioridad: "La mina del alemán perdido".
A la vista de estos pequeños ejemplos, dos cosas saltan a la vista principalmente:
En este caso vamos a tratar muy brevemente este problema a la hora de catalogar (y sobre todo de ofrecer al registro un encabezamiento principal) los cómics de nuestro fondo bibliográfico. Esta cuestión casi merecería un espacio dedicado en exclusiva, por lo que solamente lo dejaremos indicado y así desarrollarlo en otra ocasión. Ya comentamos en la anterior edición la importancia del concepto de colección en el contexto de los cómics, un punto al que volveremos para comprender algunas de las propuestas indicadas.
Un caso extremo, y en opinión de quien esto escribe una mala elección, lo constituyen algunas de las catalogaciones de cómics del Catálogo Colectivo de las Bibliotecas Municipales de Cataluña. Si seguimos con el ejemplo que hemos escogido como guía vemos la siguiente situación: según el registro, encabezado por el guionista Jean Michael Charlier, el cómic está dibujado por Jean Giraud, tal y como se expresa en el área de Título y mención de responsabilidad. La lógica nos dice que al dibujante le corresponde una entrada secundaria de autor, una etiqueta T700. Si observamos esa misma catalogación en formato MARC nos llevamos una sorpresa:
¿Dónde se encuentra la secundaria del dibujante Giraud? ¿por qué aparece como secundaria de autor Moebius?
Cualquier aficionado al cómic sabe lo que ha pasado: Moebius y Jean Giraud son la misma persona pero que firma con ambos nombres dependiendo del tipo de obra; por lo tanto son dos "autores diferentes". En principio este dato no lo conoce todo el mundo y por ello, acertadamente, si una persona busca desde el formulario de consulta Giraud, automáticamente el sistema le enlaza con la entrada supuestamente correcta: Moebius. Aquí esta el problema: si una persona busca Moebius, localiza también las obras dibujadas como Giraud. Esto es claramente un error.
Moebius y Giraud son dos "autores diferentes" no uno el seudónimo del otro, aún siendo la misma persona: dos estilos, dos tipos de cómics, uno en las antípodas del otro. La pregunta a realizar sería por qué se han unido ambas entradas. No es aceptable que un cómic como éste que ofrecemos de ejemplo tenga una secundaria por Moebius cuando la entrada correcta es Giraud, Jean. Entre otras razones porque en ningún lugar del álbum en cuestión aparece el nombre de Moebius y puede provocar confusión en quien ve esta información y no conoce esta dualidad creativa.
Si lo que se quería conseguir es informar al usuario de que cuando busca por un autor existe la posibilidad de localizar bajo otra entrada más obras suyas, podría haberse conseguido ese mismo efecto utilizando las etiquetas de relación T500 en cada una de las entradas correspondientes, pero dejando la posibilidad de buscar sólo por una de ellas, pues ambas serían válidas: Moebius y Giraud, Jean. Aunque para alguien que no conoce el tema de los cómics puede no resultarle fácil de entender, a una persona puede gustarle Moebius pero no Giraud, y viceversa; desde el punto de vista del estudio y análisis, aún siendo básica la obra de Giraud, Moebius es un autor que sentó las bases del nuevo cómic europeo de ciencia ficción de los años 80 y cuya influencia todavía perdura. No se pueden englobar ambos en una misma entrada.
Volviendo al tema del reparto de autorías en la creación del cómic que ya hemos dejado apuntado, y sin entrar en detalles, habría que plantearse seriamente la obligatoriedad en este tipo de obras de que encabezaran por uno u otro cuando son dos o más las personas que intervienen en su creación. Las reglas al respecto son claras en este sentido: dos o tres autores sin indicación alguna (recordemos que decir que ser guionista no supone ser más importante que el dibujante o que el entintador), encabeza el primero, realizándose secundarias por cada uno de los restantes. Sin embargo, para obras de más de tres autores se encabeza por el título. Aquí es donde toma importancia de nuevo el concepto de colección: ¿por qué, y desarrollando la idea propuesta en la primera parte de este informe, cómics de una misma colección no pueden ir encabezados por el nombre de la colección, cuando es éste y no otro, lo que las engloba bibliográficamente hablando? y no el autor que, en definitiva, puede cambiar a lo largo de su publicación. En este caso, el dato de la colección ya no se correspondería con la etiqueta T830 (asiento secundario de serie, título uniforme), sino con una T130 (encabezamiento principal, título uniforme), pero la autoridad en sí se seguiría correspondiendo con una T130 de la base de datos de autoridades. En otro momento analizaremos con más profundidad este punto.
Por otra parte, también es importante este punto en cuanto que la elección de uno u otro también afectará a la localización física de la obra dentro de la biblioteca puesto que el autor que encabece será el elegido para la creación de la signatura, con lo que la ordenación de los fondos también se ve afectada por esta cuestión.
Ya dejamos indicado en la primera parte de este informe que, dentro de la colección global, podríamos encontrarnos con el hecho de que los cómics podrían ser catalogados como monografías, revistas o analíticas, dependiendo del caso. Para ello, dentro de Absys, podemos encontrarnos con consultas (o combinación de ellas) que nos remitan directamente a cada uno de estos tipos documentales. Pero, ¿cómo se identifican, dentro de cada uno de esos grupos, qué es cómic y qué no lo es?
En cualquier catálogo automatizado es relativamente sencillo incorporar menús desplegables, o cualquier otro procedimiento de ayuda que permita la elección de entre algunos tipos de documentos para acotar la consulta: algunas veces nos interesan solamente las monografías, revistas, mapas... y así hasta un largo etcétera, dependiendo de los tipos de documentos que una biblioteca ofrezca a sus usuarios. Evidentemente, si en un centro no se catalogan mapas, de poco puede servir incluirlos dentro del desplegable donde el usuario realiza la selección.
Pues bien, en los cuatro catálogos consultados (insisto, se han elegido de forma aleatoria) en todos ellos, excepto en Rueca, podemos realizar una selección por tipo de material. Ante esta situación es fácil determinar en la consulta que sólo nos interesa recuperar aquello que es una monografía, una videograbación, un registro sonoro, un mapa o una revista. ¿Cómo localizo lo que es cómic? En principio no hay otro procedimiento para hacerlo si ya hemos explicado que podemos encontrarnos este tipo de material incluido dentro de los tres que ya hemos dejado indicado, no hay forma.
Así llegamos a un campo que, en principio puede ser interesante modificar en el caso de que queramos darle alguna importancia a nuestra colección de cómics y queramos dejarla, en cierta manera, identificada con respecto al resto: el campo de descripción física (T300 en Absys): quizás, un escueto "principalmente il." resulte demasiado poco para una obra que, no es que se encuentre compuesta principalmente de ilustraciones, sino que toda ella es ilustraciones, ocasionalmente acompañadas de texto (lo que se le llama "bocadillos" o textos de apoyo, según los casos). Ante esta situación, si comprobamos lo que las reglas de catalogación dicen al respecto, indican que:
"2.5.4 D Cuando la publicación contenga principal o únicamente ilustraciones se hará constar esta circunstancia: todas il, principalmente il. o principalmente mapas"1.
De cualquier forma, dichas reglas también dicen:
"2.5.4 B A continuación de la abreviatura "il" podrá expresarse, si se considera útil, el tipo de ilustración de que se trate (...) pero si sólo hay tipos específicos de ilustraciones (por ejemplo mapas, planos, retratos, notación musical, facsímiles, etc.) puede suprimirse la abreviatura "il.", expresando únicamente el tipo de ilustración."2
En este caso, aunque el término "Cómic" no se refiere a un tipo de ilustración específica3, sí que se podría usar esta terminología de cara a identificar inequívocamente, mediante su incorporación en el campo T300, que nos encontramos ante un tipo de documento que responde a unas determinadas características y así lo queremos hacer constar dentro de nuestro catálogo. En principio, esto no sólo sería útil para completar la obra, sino que además, por los motivos que a continuación se indican, sería la forma más fácil de localizar este tipo de material en el fondo de la biblioteca. Inmediatamente después, y siguiendo el método habitual, se dejaría correctamente indicado si la obra se encuentra en color o en blanco y negro:
T300« »«a»48 p. «b»: cómic, col. «c» ; 30 cm
En principio, ésta ha sido la solución que han aplicado en el Catálogo de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Biblioteca Infantil y Juvenil. De cualquier manera, como el Opac no permite buscar por el campo T300 de forma específica, no es posible distinguir a priori en la consulta entre obras que son cómics propiamente dichos y otras que únicamente lo tratan como objeto de estudio. También se aplica este criterio, aunque de forma parcial, en el Catálogo Colectivo de Castilla y León.
T245«13»«a»La mina del alemán perdido «h»[cómic] «c»/ guión de Jean Michael Charlier....
¿cómo diferenciamos los registros que de por sí son cómics del resto de documentos que contienen esa palabra dentro del campo título y que en realidad no lo son?
T245«10»«a»Catálogo general del cómic español «b»: 1865-1993 «c»/ José Antonio Ortega Anguiano...
Pero incluso aún suponiendo que se aplicaran encabezamientos y subencabezamientos para los cómics, ¿cómo se podría diferenciar la obras que son cómics de los que estudian y analizan cualquier aspecto de este medio?
T650«24»«a»Western«j» -Historietas gráficas
T650«24»«a»Historietas gráficas«j»-Catálogos«y» 1865-1993
Por otra parte, volviendo a la edición antigua de la CDU, existen algunos ejemplos utilizando los 820/89 (Literaturas y obras literarias en los distintos idiomas). Así por ejemplo, para un cómic originario de Francia (el país europeo con más tradición) se indica la notación 840 (literatura francesa) unido al auxiliar -34 (Narración tradicional. Leyendas. Sagas. Cuentos de hadas). Si a esto unimos que establecemos una relación con 087.5 (Publicaciones para niños), obtenemos un resultado que, como poco, podríamos calificarlo de surrealista para nuestro ejemplo (que por otra parte ha sido escogido de un caso completamente real) bajo el título "La mina del alemán perdido":
840-34"19":087.5 (Literatura francesa del siglo XX, Narración tradicional. Leyendas. Sagas. Cuentos de hadas: Publicaciones para niños).
A primera vista no parece ser una anotación adecuada: en ningún sitio se hace mención a que es un western y que no podríamos calificar al cómic como literatura francesa, por mucho que queramos darle cierta importancia al medio (tampoco hay que exagerar los términos: no es literatura) y el cómic provenga de ese país. Además, no es ni mucho menos una narración tradicional, sino que es un cómic y para terminar, en este caso específico, no es una publicación para niños5. Lo único que podríamos aceptar de esa anotación es el auxiliar de tiempo, en cuanto a que es una obra del siglo XX. En el mundo de la biblioteconomía parece haber cierta aversión a llamar a las cosas por su nombre y tendemos a poner nombres rimbombantes y a utilizar giros lingüísticos para denominar las cosas, cuando quizás todo sea mucho más fácil.
Si a todo ello sumamos el hecho de que prácticamente ningún usuario hace consultas a un catálogo buscando directamente sobre este número, podemos encontrar una respuesta a la conveniencia o no de usarlo como método de identificación.
Si todo esto ocurre dentro del mundo de las bibliotecas, donde se supone que se encuentran los profesionales de la catalogación, ¿cuál es la situación general en otros contextos ajenos a las bibliotecas, como pueden ser las propias editoriales que se dedican a la publicación de cómics? La respuesta es fácilmente imaginable. Normalmente, los catálogos impresos que habitualmente distribuyen las editoriales por las tiendas especializadas apenas si incluyen algunos datos mínimos de identificación: título, autores, páginas y si es en color o blanco y negro, y no en todas las ocasiones se ofrecen todos ellos. De esta forma, la información llega de forma parcial a quienes la reciben y en ocasiones con los datos mínimos, lo que puede provocar equivocaciones.
Para ilustrarlo, un pequeño ejemplo: durante el año 2002, la mayor editorial de cómics en España (Planeta de Agostini) publicó la obra "Palestina", en donde se narraban los hechos que suceden en esta zona conflictiva de Oriente Próximo y que desafortunadamente siempre está de triste actualidad. En varios foros de Internet, e incluso en el de su propia página web, se hicieron comentarios al respecto de que la obra pudiera haber salido con un error de impresión y faltaran páginas, algo que luego con posterioridad fue confirmado por otros lectores que tenían la misma percepción. Ante la avalancha de preguntas y peticiones sobre cómo devolver esos ejemplares defectuosos, la editorial tuvo que difundir en esos mismos medios un mensaje aclarando la situación y que todo fue debido a un malentendido. ¿Cuál fue la causa? Se unieron dos factores: por un lado la publicidad de la editorial indicaba que el libro tenia, en total, 304 páginas y por otro un final quizás demasiado abierto propuesto por el autor del cómic. El problema se originó porque a pesar de que la publicidad indicaba esas 304, en realidad el volumen venía numerado únicamente hasta la página 285 y estaba compuesto, al inicio, de 19 páginas de texto sin numerar. El problema hubiera sido fácilmente solucionable, sin necesidad incluso de que se llegaran a difundir las quejas y las correspondientes notas, si en la publicidad de los catálogos se hubieran indicado correctamente las diferentes numeraciones que llevaba la obra, tal y como se deja especificado en cualquier catalogación mínimamente fiable:
T300« »«a»[19] p. de texto, 285 p.«b» : cómic, bl y n
Ver una de las quejas y la nota difundida
Dejando de lado los catálogos o boletines de novedades que normalmente distribuyen de forma periódica estas empresas a través de las librerías especializadas, y centrándonos en esa misma información pero accesible desde Internet, la situación no mejora. Si hacemos un brevísimo repaso de los sitios webs de las editoriales más importantes a nivel nacional, podemos percartarnos de que la información que se ofrece también es incompleta, aunque en la mayor parte de las ocasiones la posibilidad de ver la portada, o incluso alguna que otra página interior digitalizada, puede ayudar al comprador a la hora de obtener más datos sobre la obra en cuestión.
| Planeta de Agostini |
Glenat |
Norma Editorial (Catálogo y compra) |
| Norma Editorial (página oficial) | Astiberri | Salvat |
Un análisis de los datos ofrecidos en estos supuestos catálogos deja las cosas bien claras en cuanto al nivel de descripción de las obras. Obviamente tampoco es necesario que en estas fuentes la calidad de la descripción bibliográfica alcance la que una biblioteca sí debe de exigir a sus registros, pero una mínima cantidad de datos de cara a que el lector localice e identifique una obra en concreto sí es recomendable. En algunas ocasiones, la obra se referencia ni siquiera indicando el formato con el que se publica (por los menos dimensiones o número de páginas) o a qué colección pertenece, algo bastante importante si, retomando lo dicho en la anterior edición de Cómics y bibliotecas, tenemos en cuenta que la mayoría de las obras se encuentran ubicadas dentro de una colección que las engloba. Por supuesto, no nos referimos al concepto de colección editorial, sino al que en su día expusimos en la primera parte de este informe. Las carencias son por lo tanto, evidentes en todos los sentidos y la información en estas fuentes, tanto impresas como electrónicas, está enfocada principalmente a los seguidores y compradores habituales de este tipo de obras, algo que dificulta extraordinariamente la incorporación de nuevos lectores, pues en ocasiones no tienen un conocimiento exacto de la situación.
En este punto es donde nos encontramos las mayores carencias: la dispersión física de la colección por entre los fondos de la biblioteca, propiciados por un uso irracional de algo tan simple y aparentemente banal como una signatura topográfica. Parece un tema intrascendente (y realmente casi lo es), pero la dispersión de los fondos en la biblioteca, unido al problema ya comentado de una mala catalogación, provocan que la colección de cómics sea uno de los puntos más flojos en cuanto a su organización. Ya hemos comentado con anterioridad los inconvenientes que planteaba el uso de la CDU para la clasificación de estas obras. En este punto volvemos a cuestionarnos, por las mismas razones, su utilización como método de localización física en la creación de la signatura topográfica y aquí, quizás lo más conveniente es utilizar una notación específica, tal y como hacen la mayor parte de las bibliotecas con su fondo de novelas, esto es, identificarlas mediante "N".
Por esta razón, habría que buscar un consenso dentro de la propia biblioteca para incorporar una notación particular a estas obras con el fin de que todas ellas se encuentren dentro del mismo espacio y no dispersas por toda la biblioteca. Así, algunos documentos sobre la organización de bibliotecas escolares que podemos encontrar en Internet ya nos orientan hacia estas posibilidades:
- Cómo organizar una biblioteca
escolar. Aspectos técnicos y
pedagógicos
. Documento del Departamento de
Educación y Cultura, de la Dirección
General de Educación del Gobierno de Navarra.
"Las obras literarias, correspondientes al número 8, suelen constituir el 90 % del fondo, (...). Por comodidad, suelen colocarse aparte y distribuirse en cuatro apartados según los géneros, a cada uno se le asigna una letra:
N para novelas
P para recopilaciones de poemas, rimas y canciones
T para las piezas de teatro
C para las historietas, tebeos y cómics."
- Organización
y señalización de fondos y servicios.
Plan Provincial para el desarrollo de las bibliotecas
escolares
. Consejería de
Educación y Ciencia de la Junta de
Andalucía, Delegación Provincial de
Málaga.
En este caso, la tabla de clasificación temática simplificada propuesta incluye, dentro del 8 también, los siguientes apartados:
A Libros ilustrados o álbumes
C Cuento
N Novela
P Poesía
T Teatro
TBO Tebeos y cómics
Lo que debe de quedar claro es que los cómics deben de salir del fondo dedicado exclusivamente para lectores infantiles y/o juveniles por las razones ya comentadas tanto en ésta, como en la primera parte de este artículo. Por otra parte, aunque ambos ejemplos son específicos de bibliotecas escolares, también es posible encontrar documentos y manuales de procedimiento para signaturas incorporadas dentro de centros universitarios:
- Biblioteca de la UCJC (Universidad Camilo José Cela).
"La mayor parte del fondo bibliográfico se encuentra colocado siguiendo (...) la CDU. (...) Esta signatura estará compuesta por dicho número y las tres primeras letras del apellido del autor".
En este caso, la notación de la CDU elegida es 070.487 (periódicos de humor, cómics), al que le seguirían las tres inciales del autor... ¿qué autor? ¿el dibujante o el guionista? en principio, claro está, la del autor que encabeza. La respuesta es evidente, pero que nos llevaría al tema ya comentado: ¿por qué elegir entre uno y otro?. Habría que tener en cuenta, de nuevo, el concepto de colección y que la lógica nos dice que el tejuelo sirve para agrupar y ordenar, no para desorganizar y desordenar.
Evidentemente, todo lo comentado (en especial los puntos tratados en esta segunda y última parte) son aplicables al trabajo en una biblioteca en cuyos fondos podemos encontrar cómics pero que no son el material mayoritario y comparten el mismo espacio con el resto de las obras, como puede ocurrir en cualquier biblioteca ya sea escolar, municipal, universitaria o del Estado. Sin embargo, en un centro cuyo objetivo es el estudio y análisis del medio, estas acciones se quedan cortas a la hora de alcanzar un nivel mínimo de calidad en cuanto a la recuperación de información, nos referimos a un hipotético centro de documentación del cómic. Aquí podrás encontrar un documento hecho público en enero de 2001 donde un grupo de profesionales y aficionados ponían la primera piedra para la creación de un centro de estas características en España, al igual que existe en otros países.
Portugal. Nuestro vecino posee una biblioteca especializada y dedicada especialmente a los cómics.
Francia. El país donde los cómics están al mismo nivel, en cuanto a importancia y aceptación, a la literatura y el lugar de referencia, junto a Bélgica, del cómic en Europa. Por decirlo de alguna manera es el Hollywood europeo del cómic. Nuestros autores emigran a Francia para poder publicar lo que aquí les resulta imposible por la estrechez de miras de las editoriales y la escasez de recursos. Las cifras de ventas son escalofriantes, con unas tiradas que incluso superan en ocasiones a la edición de libros, en las listas de ventas generales los cómics se codean sin complejos con la novela. Haz clic aquí para ver el número de ventas de cómics en Francia durante el año 2001 y comprobar el nivel de aceptación de este tipo de obras6. Por otra parte, poseen el salón del cómic más importante de toda Europa, donde editores, autores y coleccionistas se dan cita de forma anual para dar a conocer las novedades del medio, es el Festival de Angoulême.
Centre National de la Bande Desineé et de l'Image.
Bélgica. Junto a Francia es el país con mayor producción de cómics y donde su lectura está también completamente integrada en la vida cultural y social, siendo además el lugar de nacimiento de Tintín, que no es poco (algunos aún creen que es de origen francés). Poseen uno de los mayores museos y centros de documentación europeos dedicados al cómic. Es tanta la afición belga a estas obras que incluso desde el museo se puede hacer un recorrido virtual por las calles de Bruselas para ver los frescos urbanos y estatuas diseminadas por toda la ciudad que homenajean a este medio.
Centre Belge de la Bande Desineé.
Italia. Es otro de los países donde la producción de cómics es bastante importante y sobrepasa con holgura la situación en España. Probablemente de todos los centros de documentación y museos comentados es el que ofrece una mayor cantidad de información, aunque un mejor diseño y navegabilidad entre los contenidos sería aconsejable. Una curiosidad: si quieres ver el proceso de creación de un cómic, haz clic aquí.
De cualquier forma, en España existe un museo dedicado exclusivamente al cómic. Se encuentra situado en Barcelona y aunque no presenta la cantidad de contenidos que podemos ver en estas páginas precedentes (aunque es justo decir que poco a poco van consiguiendo aumentar tanto en cantidad como en calidad, produciéndose en el último año un incremento bastante significativo) sí que puede ser un punto de partida interesante para la creación de un centro de estas características en nuestro país. Organizan actividades, elaboran documentos sobre diversos aspectos del medio y en definitiva llevan a cabo una labor importantísima en la difusión no del cómic en sentido estricto, sino de su importancia como medio de difusión de la cultura. Desgraciadamente en España no se cuenta con el grado de aceptación y difusión encontrado en otros países de nuestro entorno.
En estos centros especializados, la creación de tesauros y otras herramientas descriptivas, la utilización de nuevas bases de datos que recojan el vaciado (tratado de forma correcta, documentalmente hablando) de revistas especializadas en el medio7, la adaptación concreta de los modelos de visualización (como el que a continuación se muestra, que es un formato híbrido entre el ISBD clásico junto con ciertas etiquetas que ayudan a la hora de mostrar la información especializada aplicada a la catalogación de cómics), etc, serían, en principio, algunas de las necesidades básicas a alcanzar y que sería conveniente analizar.
Pero eso es otra historia.
1. Reglas de catalogación. Madrid: Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas, 1995. Pag. 88.
2. Op. cit., pag. 87.
3. No es este ni el lugar ni el momento en el que se deba discutir si el término más adecuado sea cómics, tebeos, historieta, historieta gráfica, arte secuencial o cualquier otro que nos podamos encontrar. Lo que sí es cierto es que si decidimos utilizar esta alternativa, la elección deberá de ser consecuente y una vez elegido el término, será el que utilicemos en el futuro siempre.
4. Este sería un punto importante a tratar y que los encargados de catalogar novelas o cualquier otro género narrativo en las bibliotecas debiéramos de tener muy presente y que es su clasificación en cuanto al tema que tratan. Actualmente muy pocas bibliotecas catalogan su fondo de novelas teniendo en cuenta el género narrativo en cuestión: si es de ciencia ficción, novela histórica, misterio o policíaca, por poner sólo algunos ejemplos. Tal cual están catalogadas las obras narrativas, se hace casi una labor imposible poder seleccionar de nuestros fondos bibliográficos aquellas obras que tratan uno u otro género; por ejemplo: ¿cómo podría yo escoger, sin necesidad de pasearme directamente por entre las estanterías, del fondo de novela aquella específica de ciencia ficción? Pues si esto ocurre con la novela, que probablemente sea el genero más popular en cuanto a nivel de préstamos en una biblioteca pública, ¿qué ocurre con los cómics? Evidentemente la situación no sólo podríamos calificarla de similar, sino que todavía es peor.
5. Esto es un grave problema, difícil de solucionar por parte de quien no conoce el medio: no todos los cómics publicados son adecuados para su lectura por parte de los niños; pero no porque el hecho de considerarlos adultos lo sean en el sentido pornográfico, sino porque sus contenidos son más elaborados y complejos, resultando de difícil comprensión para un niño. Al igual que hay un cine para niños u otro para personas con cierta madurez (a nadie se le ocurriría proyectar una película de Bergman, Fellini o Kurosawa en una sesión infantil), existe un cómic para adultos y que un niño no sería capaz de entender o comprender en su conjunto. Algo parecido ocurre con el cine de animación: casi por consenso social toda película de dibujos animados es para niños. Así nos encontramos con el caso -real- de una Biblioteca Pública que proyectó en una sesión infantil la película de animación japonesa "Akira" (una adaptación al cine del cómic homónimo de ciencia ficción que trata sobre experimentos psyco-genéticos en niños); baste decir que en foros especializados algunos nicks de usuarios conectados son tan elocuentes como: "Yo entendí el final de Akira". Esta claro lo que pensó el organizador de ese evento: una película de dibujos animados donde los protagonistas son niños, la ecuación parece clara, pero... la ignorancia es atrevida.
6. Si comparamos las cifras (no ya con los más de 2 millones de ejemplares de Astérix, sino con el resto) con el nivel de ventas en España, la situación cambia bastante con respecto al país vecino. Según los datos que me han facilitado diversos editores (Glenat y Dude) de forma directa desde el Foro del Cómic Europeo, aquí en España las cifras de venta son mucho menores. De cualquier forma, el pico se sitúa también con el último volumen de Astérix con una venta de ejemplares que ronda entre los 200.000 y 300.000 ejemplares (ha sido publicado por Salvat y no se poseen los datos exactos). Según me comentan estos editores, las ventas difieren del formato (comic-book, álbum, manga) y su distribución (librería especializada o kioscos). Así por ejemplo, para el típico formato álbum europeo (para hacernos una idea, con el que se edita Astérix) una edición exitosa puede rondar los 3.000 ejemplares. Otros formatos más económicos (hay que tener en cuenta que el álbum de tapa dura, típico europeo de 48 páginas, ronda los 12 €) según estas mismas fuentes pueden rondar unas ventas, en el mejor de los casos, de 10.000 ejemplares, aunque las cifras habituales pueden estar alrededor de 2.000 y 5.000. Otras editoriales importantes en España como Planeta de Agostini Comics y Norma son reacias a dar este tipo de datos, por lo que no es posible ofrecerlos.
7. Las revistas especializadas sobre el medio constituyen el principal, y casi único, canal de información actualizado sobre cómics a los cuales se puede acudir para investigar sobre el medio. Dejando de lado las páginas web (oficiales o personales y que merecen un análisis paralelo) dedicadas personajes, editoriales, de autores, etc., que no dejan de tener un carácter efímero (un ejemplo perfectamente válido que sirve como muestra es Temalia, que incluso con el apoyo de la todopoderosa Planeta de Agostini, han tenido que cerrar sus puertas), el papel sigue siendo el soporte ideal para recoger una información a la cual queremos darle cierta continuidad y permanencia. Aunque de cualquier forma estas revistas suelen tener una vida relativamente corta, tienen la ventaja, frente el medio electrónico, de que el papel tiene este carácter más perdurable. Revistas como El Wendigo, U, Dolmen, etc, se dedican a estudiar el medio desde diversos aspectos, destacando quizás de todas ella la publicación asturiana El Wendigo, que desde 1974 analiza el cómic desde una perspectiva única en España, pues muchos de los artículos publicados están orientados hacia el estudio, comprensión y crítica del lenguaje narrativo del cómic, constituyéndose así en la única publicación en donde es posible encontrar este tipo de materiales, a excepción de las monografías ya editadas, algunas de las cuales están referenciadas en la bibliografía. En el caso de fuentes disponibles en Internet es necesario destacar la labor que lleva a cabo Manuel Barrero en la revista electrónica Tebeosfera en cuanto al estudio del medio y recopilación de materiales de carácter académico que lo analizan.
Alonso, Manuel; Mantilla, Luis. Imágenes en acción: análisis y práctica de la expresión audiovisual en la escuela activa. Madrid: Akal, 1990.
Barbieri, Daniele. Los lenguajes del cómic. Barcelona: Ediciones Paidós, 1991.
Barrero, Manuel. "La historieta y el humor gráfico en la Universidad. Trabajos académicos". En: Tebeosfera, 2002, marzo. http://www.iespana.es/tebeosfera/Seccion/NSST/003/Tesis.htm
Barrero, Manuel. "Los cómics como herramienta pedagógica en el aula". En: Jornadas de narrativa gráfica, Jerez de la Frontera (Cádiz), 2002.
Material gráfico utilizado durante la exposición.
Barrero, Manuel.
"Relación de trabajos académicos
sobre historieta y humor gráfico en
España". En: Tebeosfera,
2002, marzo. http://www.iespana.es/tebeosfera/Seccion/NSST/003/TebeoTesis.pdf
Cantero Pastor, José Luis. "El cómic, plástica y estética de una arte figurativo y cotidiano". Barcelona: Gustavo Gili, 1988.
Castillo Vidal, Jesús. "Signos. Tesauro para la indización visual y temática de cómics". [Sin publicar], 1997.
Coma, Javier. "Los cómics: un arte del siglo XX". Barcelona: Guadarrama, 1977.
Eisner, Will. "El cómic y el arte secuencial". Barcelona: Norma, 1996.
Rodríguez Diéguez, Manuel. "El cómic y su utilización didáctica". Barcelona: Gustavo Gili, 1988.
Jesús Castillo Vidal - jcastillo@baratz.es