Muchas personas, apenas compran un libro, sin importar el valor material del mismo, escriben su nombre como declaración de posesión. La personalización del libro no siempre se limita a la simple escritura de un nombre en la primera página sino en la estampación en pequeñas dimensiones, impresa mediante cualquier procedimiento tradicional o de nueva tecnología, en el que figuran una o diversas imágenes además de la palabra latina ex-libris o un equivalente (libro de, biblioteca de...) y el nombre del titular o propietario.
Esta viñeta impresa se adhiere a las tapas interiores de los libros de una biblioteca. Pero aparte de ser una marca de propiedad de los libros, se han convertido en verdaderas obras de arte por sí mismas, muy preciadas por los coleccionistas.
Desde las épocas más remotas los libros siempre han sido celosamente guardados por sus dueños, de ahí que sea comprensible el deseo de marcar su posesión de una cierta manera. De estos signos de propiedad, el más antiguo es el que se guarda en el Museo Británico, una tablilla de loza azulada que se insertaba en las caras de los tomos y papiros, pertenecientes al monarca egipcio Amenofis y a la reina Tiy, que gobernaron hacia el año 1.400 antes de nuestra era, sentando las bases del ex libris que se convertiría con el paso del tiempo, además, en un símbolo de la belleza y talento de distintas culturas que volcaron en estas pequeñas viñetas grandes esfuerzos artesanales y creativos.
Hasta que Guttemberg inventó la imprenta a mediados del sigo XV los libros eran copiados por los monjes en los monasterios benedictinos. La producción de un único libro era una labor ardua y llevaba mucho tiempo y de ahí que los monjes se aseguraran de que no fueran robados atándolos a las mesas con cadenas para que no los robasen. A las cadenas siguieron los ex libris manuscritos, inscripciones en la guarda ó en el frontispicio del volumen con una petición de devolución con el nombre del propietario y una serie de insultos para los que no lo devolvieran.
Hay algunos ex libris manuscritos de esta época que son curiosos como aquel que dice: "Este libro pertenece a los monjes del monasterio de Santo Jacopo de Ripoli en Firenze. Quien lo coja, tenga la bondad de devolverlo pronto y sin ningún desperfecto. Este libro es mío"
Si en un principio los manuscritos y los incunables fueron propiedad exclusivamente de la Iglesia y de los reyes, con la invención de la imprenta, los libros fueron más accesibles tanto para la clase baja como para la burguesía comercial que comenzaba a recibir una educación humanística. Los propietarios de una gran biblioteca querían que todos sus volúmenes estuvieran marcados y que cada libro estuviera decorado con un ex Libris pintado a mano, lo cual suponía mucho coste y los artistas eran solicitados para hacer pequeños grabados de madera con el escudo de armas del propietario. El ex libris más antiguo data de 1470 en Alemania, donde nació el arte del libro y del gráfico.
Esta
evolución del ex libris se debe en parte a las
aportaciones que realizaron artistas como Durero,
Cranach , y Holbein que se preocuparon de realizar
pequeñas obras de arte para aristócratas
y bibliófilos de la época, como
haría Goya también en España.
Debemos señalar que hacia esta época, si bien existían nutridas y selectas bibliotecas, estas eran principalmente las pertenecientes a comunidades eclesiásticas: universidades, abadías, catedrales conventuales y también las que los reyes habían comenzado a formar. Las bibliotecas particulares eran escasas y pertenecían a grandes señores de la iglesia y de la nobleza. Esto explica, en parte, que los exlibris de esos señores fueran generalmente heráldicos, pues tenían que ostentar los blasones de sus familias y los suyos propios. La heráldica era un medio de señalar la calidad y rango de las personas.
En esta primera etapa del ex libris el tema que predomina es el heráldico hasta que en el s. XVIII es paulatinamente sustituido por el alegórico. Los escudos de armas eran individuales y de esta forma los libros se podían reconocer incluso por personas que no supieran leer. Estas primera marcas eran emblemas y blasones heráldicos con ornamentaciones y en algunos casos se las hacía portadoras de divisas y sentencias en latín ó en lenguas vernáculas. Más tarde evolucionarían a una manera más artística y representando la condición social ó profesional, aspiraciones, gustos, ó el pensamiento filosófico del poseedor de la biblioteca, a veces incluso se ponía como distintivo el contenido temático de la misma.
Las técnicas empleadas van desde la xilografía durante los siglos XV y XVI ó la calcografía en los siglos XVII y XVIII hasta la litografía, serigrafía y fotograbado del XIX.
Alrededor de 1900 se inician las primeras asociaciones, nace la figura del coleccionista, auténtico vertebrador del exlibrismo durante todo el siglo XX, se publican libros y revistas especializadas, se celebran congresos y exposiciones y el cultivo de esta actividad pasa a manos de artistas que elevan el nivel de calidad de las técnicas tradicionales de grabado. Desde entonces el ex libris, que en sus principios se utilizaba solamente para proclamar la pertenencia de un libro, se convierte en un vehículo de expresión estética siguiendo un itinerario evolutivo hasta alcanzar categoría de auténticas obras de arte en miniatura, objetos de colección e intercambio a nivel internacional.
Finalmente,
con el paso del siglo XIX al XX y la eclosión
del modernismo, se produce una gran difusión en
toda Europa de estas obras de arte en
"pequeño formato", creándose
tendencias o escuelas en Alemania, Gran Bretaña,
Italia.
El momento más importante en cuanto a encargos y producción de ex libris, se ubica a principios del siglo XX, donde se suma a los estilos vigentes algunos con motivos eclécticos que encontraron siempre bibliófilos dispuestos a mezclar en sus marcas de biblioteca, dioses griegos con guardas egipcias y caracteres góticos, vinculados más al capricho que al buen gusto.
La forma exterior de los ex libris varía desde polígonos regulares hasta otro tipo de perímetros, aunque el más usual es que se hallen en grabados en pequeños pliegues rectangulares ó cuadrados.
En España tenemos como principal referencia la escuela catalana, con artistas como Alexandre de Riquer, Joaquim Renart y Josep Triadó.
Precisamente, sobre estos autores y el "exlibrismo" en general, la Biblioteca de Cataluña pone en la red una exposición virtual que es una autentica maravilla, y solo por el hecho de disfrutar con estas pequeñas obras de arte, merece la pena visitar.
Otra exposición virtual interesante es la estupenda colección de ex libris Cervantinos propiedad de Gian Carlo Torre.
Arantza Díaz - arantza@baratz.es